DATOS BIOGRÁFICOS DE LINO MORALES GÓMEZ

Lino Morales Gómez nació en Fuente el Fresno, provincia de Ciudad Real, el 23 de Setiembre de 1919 y está afincado en Barcelona desde 1964. Pensador nato, ha dedicado toda su vida a un trabajo intelectual de lectura y raciocinio constantes. Fruto de ello son estas reflexiones y otras muchas que encierran toda una filosofía de vida que quiere compartir con los lectores. Sus fuentes han sido los libros que ha leído de múltiples autores con ideologías diversas, así como las conclusiones que ha sacado él, particularmente, de su experiencia de vida.

lunes, 27 de octubre de 2014

COMENTARIOS SOBRE EL CULTO A LOS INTERESES ECONÓMICOS

Autor: Lino Morales Gómez
La siguiente cita bíblica me va a servir para reflexionar sobre los poderes de ciertas o de muchas de  las acciones de nuestros tiempos.  
Entonces le dijo el Diablo: “Si eres el hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes.” Más Jesús le respondió: “Está escrito; No de pan solamente debe vivir el hombre”. De modo que lo subió y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un instante de tiempo; y el Diablo le dijo: “Te daré toda esta autoridad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien yo quiera se la doy.  Por eso, si tú haces un acto de adoración delante de mí, todo será tuyo”. Respondiendo Jesús le dijo: Está escrito; es a tu Dios a quien tienes que adorar y es a él sólo que tienes que rendir servicio sagrado”. De modo que el diablo, habiendo concluido toda la tentación, se retiró de él hasta otro tiempo conveniente. (Lucas. 4:3.4.5.7.8.13.).
Pues bien, al parecer ese “otro tiempo conveniente” ya ha llegado. Estamos viendo que los hombres de este tiempo ya le estamos rindiendo culto y tributo a los sistemas de intereses económicos y capitalistas, autores de todas las injusticias de este nuestro tiempo.
Ciertamente, el Mal ya ha vencido, ha llegado y ha triunfado. Satán ya ha ganado todas las batallas, ya ha conseguido lo que ambicionaba desde la antigüedad, ya le rindamos pleitesía y tributo, ya adoremos al que consigue las riquezas y el poder económico. Es lo que Satán ofrecía: riquezas a cambio de esclavitudes y discordias, por un lado, y por otro ha establecido el infierno en la Tierra.
Lo que no fue capaz de conseguir antes a pecho descubierto lo está consiguiendo ahora a través de sus representantes, de sus prosélitos aquí en la Tierra. Sus adoradores (cuales son: los  financieros, los banqueros, los especuladores, los mercenarios, los traficantes, etc.) éstos son sus encargados incondicionales que se ponen de rodillas ante él. Los pueblos son los que sufren las consecuencias de sus diabólicos amaños y propósitos. Ya no necesita prometer reinos a cambio de sumisión. Ésta la consiguen sus representantes de aquí en la Tierra con sólo enredarnos con aduladoras y falsas  palabras, además de con palmaditas en la espalda. 
Ahora somos los pueblos los que tenemos que implorarles y pedir a los ediles del diablo que nos protejan. Tenemos que pedir a sus prosélitos pan a cambio de trabajo. Tenemos que pedirles un sitio donde poder servirles y entregarles nuestro rendimiento, y tenemos que pedirles que nos protejan contra el paro y que nos salven del hambre y la miseria.            
Hasta muchas de nuestras autoridades están a su servicio. Nuestros gobiernos de turno le piden ayuda humildemente, se inclinan y se arrodillan ante los altares que los endiosados le han erigido a Satanás, a los poderes fácticos son sus representantes aquí en la Tierra. Seguro que el Mal se está riendo a carcajadas y disfrutando de su diabólico triunfo.
Está claro que los poderosos y engañosos medios que Satán ha empleado, los engañosos medios que le han dado y le siguen dando su triunfo, no han sido otros más que los poderes financieros, las bolsas de cambio de valores, los banqueros, las especulaciones comerciales, la privatización de los elementos naturales, el derecho de herencia, etc. etc.
Y, para darles un buen ver y un buen tragar a todas estas diabólicas e inclementes tramoyas, sólo ha necesitado revestirlas con piel de cordero y lubricarlas con un falso milagroso ungüento llamado pseudo-altruismo. Con sólo dejar caer unas migajas vamos teniendo bastante.
 Con ello, ha cegado a nuestros acomodaticios legisladores de turno, induciéndoles a declarar “legales” esos engañosos medios. Y con esa “legalidad” ha obligado a los poderes judiciales a que cooperen a su favor, haciéndolos fieles cumplidores de sus satánicos designios. Satán ha conseguido que se sancione y se persiga a las personas que se atrevan a poner en tela de juicio a las “buenas aventuras” de esas instituciones inversoras y financieras tan pseudo-benefactoras.
Por otra parte, Satán también ha conseguido que la generalidad de las opiniones públicas descalifiquen a las personas que se atrevan a cuestionar la “buena labor” de esos “alabados” medios financieros, pues no les interesa que se descubra la verdadera finalidad de esas enmascaradas chupadoras de sangre, de esas modernas sanguijuelas. El Mal también ha conseguido desconcertar a muchas rectas conciencias, pues una inmensa mayoría de las personas ya no son capaces de discernir entre las verdaderas y las falsas éticas. La verdad es que todas esas entidades financieras, aunque no lo parezcan, son más dañinas que beneficiosas, ya que su razón de ser no es otra que la usura. La ausencia de una escala de sanos valores del sentido moral y de la fraternidad nos está llevando a una tiranía inhumana, pues no siempre la inteligencia sin la virtud puede llevarnos por los sanos caminos.
“Sabemos que nos originamos de Dios, pero el mundo entero está yaciendo en el (poder del) inicuo”. (Biblia. 1 Juan. 5:19)

domingo, 11 de mayo de 2014

SISTEMAS SOCIALES DISCORDANTES

Autor: Lino Morales Gómez

Sabemos, por experiencia, que todos los sistemas basados en las grandes posesiones económicas fueron y son los que suelen  dar lugar a  tratamientos económicos antisociales que repercuten  generalmente en los tratamientos  morales, pues se suele llamar a alguien  mi amo, mi señor, y esto degenera un tanto a los que tienen menos y a los peones de a pie. Degenera en rapacidad, en injusticias, en discriminaciones, en abusos, en engaños, en estafas, en esclavitudes.
    Todos los órdenes sociales basados en sistemas capitalistas se deberían desechar por corruptores, por inhumanos, por antinaturales.
    Por otro lado, tampoco son naturales ni apropiados los sistemas sociales comunistas o colectivistas. Estos, generalmente, acaban en apatía, en desinterés, en asco del producir.  Llegan a ser generadores de escasez y de pobrezas generalizadas.
    Con los sistemas capitalistas, sólo se crea bienestar para unos pocos,  para una pequeña elite. Para el grueso de las poblaciones, sólo quedan pobrezas y vejaciones.
    En los sistemas comunistas y colectivistas ni siquiera  se llega a crear riqueza ni bienestar para nadie, sólo se llega a escasez  y pobreza para todos. Con estos sistemas, se rebaja el nivel de vida de los acomodados sin llegar a elevar el de los desheredados.
    Entiendo, por eso, que estos tres extremosos ordenamientos sociales, capitalismo, comunismo y colectivismo, son esencialmente malos y antinaturales. Es malo no admitir la propiedad privada, pero es tan malo o peor concedérsela sólo a unos pocos y negársela al resto de la población que son la inmensa mayoría.
     Por todo ello, entiendo que todos los extremos son malos, son contraproducentes. Siempre se debe buscar el justo medio. 
    Creo que los sistemas capitalistas son inapropiados para que se pueda dar una justicia natural  en la participación de las riquezas naturales. Pero no por eso estoy a favor de los sistemas  comunistas ni de los colectivistas totalitarios.
    Ciertamente que el hombre, todo hombre o mujer, tiene el indiscutible derecho a la propiedad privada. Es obvio que ese mismo derecho lo tenemos todas las personas. Por lo mismo, no debe ser ningún hombre o grupo de hombres en particular los elegidos para que se apropien del mundo, ni de ninguno de los elementos naturales, incluida la Tierra y todas las cosas contenidas en ella. Todos somos hijos de Dios, o de nuestra madre la naturaleza. Por lo mismo, todos somos herederos de todos los bienes de este nuestro mundo. Somos por naturaleza hermanos y es obvio que a todos nos asiste el mismo derecho a ser propietarios de los elementos naturales en común.
    Por todo ello, creo que el hombre, todo hombre debería vivir una simbiosis de todos los sistemas sociales que ya se han ensayado. Sistemas que, aplicados por separado han resultado ser francamente inadecuados, malos, pero tengo la completa seguridad que de  todos ellos se pueden extraer algunas enseñanzas y elementos positivos.
    Es evidente que el hombre es un compuesto de dos dimensiones; ya lo tengo dicho varias veces. Es cuerpo y espíritu, es productor y consumidor, etc. Por ello, necesita vivir una vida social y una vida privada, necesita una alternancia. Necesita actividad y reposo. Necesita producir más bien en colectividad y consumir en privado. Necesita ser propietario en común de los elementos naturales y ser propietario en privado de sus facultades personales y del fruto de ellas.
    Latorre, en su libro: Introducción al derecho, Sección 63, dice: "El hombre tiene unos derechos naturales inalienables, es decir, que no pueden ser transferidos permanentemente a ningún gobernante". Y el filósofo inglés John Locke centra esos derechos en la vida, la libertad y la propiedad.
    Es decir, que toda persona tiene el mismo derecho a esos tres valores: a la vida, a la libertad y a la propiedad. Y sobre estos valores no caben prioridades ni privilegios por parte de nadie. 
Relacionado con el tema que trato, y dentro de los actuales sistemas de gobierno, hay una costumbre injustificada y generalmente aceptada que es causa de continuas controversias y corrupciones, costumbre que afecta negativamente a nuestra convivencia. Se trata de la concesión de ciertos privilegios sociales y económicos  a las personas que ostentan u ocupan cargos directivos o de gobierno en empresas, en comunidades o en naciones. Si bien, se justifica esta práctica por su mayor responsabilidad i preocupaciones, lo cierto es que esos “señores” se creen con derecho a apropiarse de lo suyo y de lo ajeno. Y obviamente, ninguno de los sistemas sociales que acepten esos privilegios será apropiado  por no ser justo  ni  ético,  pues siempre provocan discordias e injusticias.     


PARTICIPACIÓN JUSTA EN EL USO DE LAS RIQUEZAS NATURALES

Autor: Lino Morales Gómez

    Ésta es una de tantas cuestiones mal entendidas y peor practicadas, no lo concretamos a pesar de que este tema es comentado y debatido a diario en todos los niveles sociales. Creo que este malentender es debido a dejarse llevar por las ancestrales tradiciones.
    Aparte de eso, en las esferas políticas casi siempre se usa como medio para ganarse adeptos, no para aclarar el origen y el destino justo, natural y lógico de todas y cada una de las riquezas naturales. El egoísmo y la demagogia son causantes de este problema y no dan soluciones para corregirlo.
    Ya va habiendo muchos que opinan que la propiedad privada de los elementos y de los medios de producción es un obstáculo para que pueda haber una "participación justa en el uso de las riquezas naturales".
    Estas frases y otras parecidas, tan manoseadas en estos tiempos, no aclaran nada de esta cuestión; no la aclaran porque sólo se usan con fines interesados. Creo que más bien enmarañan el verdadero fondo del problema. Por eso, estos debates se están quedando vacíos de contenido, pues más bien ocultan la verdad de las injusticias que se están practicando precisamente contra las personas que producen las riquezas.
    Quiero exponer mi criterio acerca del problema de la "justa participación de las riquezas naturales", y dejo que cada cual  opine lo que le parezca.
    De entrada, diré que niego rotundamente que pueda ser justa ninguna clase de distribución o reparto de las riquezas naturales. Ruego a quien lea esta afirmación mía, que, antes de juzgarla, lea las razones en que me fundo para opinar de esta manera.
    Primero, debemos aclarar, como ya tenemos dicho, que es preciso definir y diferenciar entre las dos clases de riquezas que existen en nuestro mudo. Hay unas riquezas que son naturales y otras que son de artificio, o sea que unas están ahí desde siempre en la naturaleza y otras son creadas con el trabajo del hombre.
    Así pues, en mi opinión, las riquezas no naturales, o sea, las creadas con el trabajo del hombre, es muy justo que sean propiedad privada de la persona, hombre o mujer, que las hayan generado o producido con su trabajo. Creo que esto es muy natural. Y no veo razón alguna para obligar a nadie a que las reparta ni a que las comparta con nadie contra su voluntad.
    Luego, están las otras riquezas, las naturales, las no generadas con el trabajo de los hombres. Éstas están constituidas por los elementos naturales. Sin duda alguna, todos los elementos naturales constituyen y nos reportan unas inconmensurables riquezas. Estas riquezas no deberán ser privativas de nadie en particular, ya que por su naturaleza son o deben ser de propiedad y de uso común. Como no han sido producidas por ningún trabajo humano, siempre deberán seguir siendo de propiedad o de uso común, pues nunca debieron ni debemos privatizarlas.
    Si nos las repartiésemos entre todos, entonces cada uno tendríamos una pequeña porción de ellas y, como resultado, las habríamos privatizado. Esto sería como si partiésemos en pedazos a nuestra propia madre y nos los repartiésemos, chalaneando después con las compras y las ventas de esos pedazos. Esto sería ir contra natura e iríamos contra los derechos y las leyes naturales. Y todo lo que sea ir contra estas leyes y estos derechos naturales es injusto, irracional, en suma, inmoral.
    Por ello, no hay racionalidad alguna para repartirnos estas riquezas, ya sean abundantes o escasas, ya que todas las riquezas naturales son  bienes comunes y no son privativos de ninguna manera. 
    Lo justo y natural en esto es que todos participásemos del fruto o de los beneficios que de manera espontánea da la naturaleza,  así como de cualesquiera de los elementos naturales. Deberíamos ser copartícipes del valor de esos frutos y de esas riquezas naturales. Valores que los recibiríamos en servicios, en capacitarnos, en asistencias sanitarias, en darnos cultura, en cuidarnos y atendernos como lo hace una buena madre con sus hijos, pues es nuestra madre naturaleza la que nos cobija a todos nosotros que somos sus descendientes, sus hijos.
    Este sería el justo y natural reparto de beneficios de las riquezas naturales. A esto es a lo que todos tenemos un derecho natural a participar de ellos. 

domingo, 8 de septiembre de 2013

REVISIÓN DE "COMENTARIOS SOBRE AQUELLO DEL "CULTO A SATÁN"". (Por lo actual del tema)

Autor: Lino Morales Gómez                                         

Entonces le dijo el Diablo: “Si eres el hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.” Más Jesús le respondió: “Está escrito; No de pan solamente debe vivir el hombre”. De modo que lo subió y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un instante de tiempo; y el Diablo le dijo: “Te daré toda esta autoridad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien yo quiera se la doy.  Por eso, si tú haces un acto de adoración delante de mí, todo será tuyo”. Respondiendo Jesús le dijo: Está escrito; es a tu Dios a quien tienes que adorar y es a él sólo que tienes que rendir servicio sagrado”. De modo que el diablo, habiendo concluido toda la tentación, se retiró de él hasta otro tiempo conveniente. (Lucas. 4:3.4.5.7.8.13.).
Pues bien, al parecer ese “otro tiempo conveniente”, ya ha llegado. Estamos viendo que los hombres de este tiempo ya le estamos rindiendo culto y tributo a los sistemas de intereses económicos y capitalistas.
Ciertamente, Satán ya ha vencido; ha llegado y ha triunfado. Satán ya ha ganado todas las batallas, ya ha conseguido lo que ambicionaba desde la antigüedad, ya le rindamos pleitesía y tributo, ya adoremos al que consigue las riquezas y el poder económico.  Es lo que Satán ofrecía: riquezas a cambio de esclavitudes y discordias, por un lado, y por otro ha establecido el infierno en la tierra.
Lo que no fue capaz de conseguir antes a pecho descubierto lo está consiguiendo ahora a través de sus representantes, de sus prosélitos aquí en la Tierra. Sus adoradores (cuales son: los  financieros, los banqueros, los especuladores, los mercenarios, los traficantes, etc.) éstos son sus encargados incondicionales que se ponen de rodillas ante él. Los pueblos son los que sufren las consecuencias de sus diabólicos amaños y propósitos. Ya no necesita prometer reinos a cambio de sumisión. Ésta la consiguen sus representantes de aquí en la Tierra con sólo enredarnos con aduladoras y falsas  palabras, además de con palmaditas en la espalda. 
Ahora somos los pueblos los que tenemos que implorarles y pedir a los ediles del diablo que nos protejan. Tenemos que pedir a sus prosélitos pan a cambio de trabajo. Tenemos que pedirles un sitio donde poder servirles y entregarles nuestro rendimiento, y tenemos que pedirles que nos protejan contra el paro y que nos salven del hambre y la miseria.            
Hasta muchas de nuestras autoridades están a su servicio. Nuestros gobiernos de turno le piden ayuda humildemente, se inclinan y se arrodillan ante los altares que los endiosados le han erigido a Satanás, a los poderes fácticos que son sus representantes aquí en la Tierra. Seguro que Satán se estará riendo a carcajadas y disfrutando de su diabólico triunfo.
Está claro que los poderosos y engañosos medios que Satán ha empleado, los engañosos medios que le han dado y le siguen dando su triunfo, no han sido otros más que los poderes financieros, las bolsas de cambio de valores, los banqueros, las especulaciones comerciales, la privatización de los elementos naturales, el derecho de herencia, etc. etc.
Y, para darles un buen ver y un buen tragar a todas estas diabólicas e inclementes tramoyas, sólo ha necesitado revestirlas con piel de cordero y lubricarlas con un falso milagroso ungüento llamado pseudo-altruismo. Con sólo dejar caer unas migajas vamos teniendo bastante.
Con ello, ha cegado a nuestros acomodaticios legisladores de turno, induciéndoles a declarar “legales” esos engañosos medios. Y con esa “legalidad” ha obligado a los poderes judiciales a que cooperen a su favor, haciéndolos fieles cumplidores de sus satánicos designios. Satán ha conseguido que se sancione y se persiga a las personas que se atrevan a poner en tela de juicio a las “buenas aventuras” de esas instituciones inversoras y financieras tan pseudo-benefactoras.
Por otra parte, Satán también ha conseguido que la generalidad de las opiniones públicas descalifiquen a las personas que se atrevan a cuestionar la “buena labor” de esos “alabados” medios financieros, pues no les interesa que se descubra la verdadera finalidad de esas enmascaradas chupadoras de sangre, de esas modernas sanguijuelas. Satán también ha conseguido desconcertar a muchas rectas conciencias, pues una inmensa mayoría de las personas ya no son capaces de discernir entre las verdaderas y las falsas éticas. La verdad es que todas esas entidades financieras, aunque no lo parezcan, son más dañinas que beneficiosas, ya que su razón de ser no es otra que la usura. La ausencia de una escala de sanos valores del sentido moral y de la fraternidad nos está llevando a una tiranía inhumana, pues no siempre la inteligencia sin la virtud puede llevarnos por los sanos caminos.

“Sabemos que nos originamos de Dios, pero el mundo entero está yaciendo en el (poder del) inicuo”. (Biblia. 1 Juan. 5:19)

jueves, 27 de junio de 2013

PRECISAMOS CAMBIOS JUSTOS EN LO ECONÓMICO

Autor: Lino Morales Gómez

    Es cierto que necesitamos reglas y leyes civiles para que nos guíen en nuestros comportamientos y nos faciliten nuestras relaciones sociales. Reglas que sin dejar de ser  democráticas sean siempre respetuosas con las leyes naturales, con la justicia, con los valores morales y con los derechos humanos, que hagan imperar siempre el buen hacer social, laboral y económico.
    Creo que nuestra conducta, en todo nuestro vivir, debe estar en consonancia y armonía no sólo con los derechos propios, sino también con los derechos  de los demás.
    Por eso, las leyes humanas deben concordar con las leyes naturales. Las leyes civiles deben respetar todos los derechos que nos conceden las leyes naturales, así como también deberán exigirnos los mismos deberes a todos y a cada uno de nosotros para con nuestra madre naturaleza. Ya hablamos de esto detallada y ampliamente en “previos uno”.  
    En escritos anteriores hemos puesto de manifiesto muchos de los vicios y de las virtudes de los ordenamientos sociales vividos hasta el presente, pues de todo ha habido “en la viña del señor”.
    También tenemos dicho que es urgente efectuar drásticas correcciones en nuestras relaciones económicas. Es preciso que las hagamos de manera que se puedan dar conductas más justas, más racionales y más solidarias. Creo que es preciso cambiar varios puntos de los sistemas económicos que tenemos en vigencia y en práctica en nuestros tiempos.
    Estoy de acuerdo en que lo primero que deberemos hacer será ir cambiando la mentalidad de las gentes, sin pausas, para que se den conciencias y conocimientos de que todos estos comportamientos, particularmente económicos, que estamos viviendo ahora son básicamente artificiosos e  injustos.
    En estos cambios que proponemos debemos poner mucho cuidado de no caer en los mismos errores y defectos del pasado. Debemos desechar con valentía algunos obsoletos dogmas, pues ya es hora de que busquemos y adoptemos sistemas económicos y sociales más justos y más racionales. Sistemas que sean capaces de armonizar la seguridad con la libertad, el amor con la justicia, los intereses privados con los intereses comunes, el bienestar propio con el respeto al bienestar de los demás. 
    Ya iremos desgranando en capítulos posteriores los cambios que necesitaremos realizar en lo referente a nuestras relaciones económicas, que son muchos y muy radicales.
    Deberemos unir nuestros esfuerzos en una justa colaboración y así poder arrancarle a nuestra madre naturaleza, sin dañarla, más medios de vida.
     Esto no será fácil, pues habrá que vencer a muchos arraigados e injustos dogmas que contribuyen a hacer arduas y lentas las imprescindibles transformaciones de conciencia que necesitamos hacer.
    A pesar de todo esto, volvemos a repetir, que es mejor  mostrar lo que es naturalmente justo y así hacer entrar en razón a muchas fanáticas mentalidades personales, en vez de traumatizarlas con querellas y enfrentamientos. Se debe intentar atraer al buen camino a las personas, usando pacientes enseñanzas y convincentes razonamientos, en vez de usar violentas revoluciones o guerras. La naturaleza evoluciona pacientemente. Tomemos ejemplo de ella.  Creo que para conseguir una racional y clara mentalización de las gentes no hace falta recurrir a ninguna clase de  exacerbaciones  ni  enfrentamientos.
    Con ello se podría ir comprendiendo la conveniencia de una evolución racional que, además, es imprescindible y urgente hacerla. Una evolución que permita erradicar para siempre muchas de estas retorcidas e interesadas costumbres. Se deben erradicar todas estas prácticas usureras, inclementes e inhumanas de nuestro tiempo. Así como muchas de estas perniciosas apropiaciones y discriminaciones personales en el uso de los elementos naturales.
     Creo que con una buena y sana mentalización y un buen ideario de enseñanzas sociales y morales se podrían llevar a la práctica honrados comportamientos y así erradicar y suprimir todas estas engañosas especulaciones que actualmente se están practicando.
    Hay que desenmascarar toda esta falsa palabrería que se esparce para confundir a muchas crédulas gentes. Ya es hora de descubrir la sucia procedencia de muchas especulaciones e inconfesables engaños y retorcidos comportamientos económicos.
    Debemos proponernos que no haya ninguna clase de prácticas especulativas. Que no haya modalidades fraudulentas ni formas coactivas. Nada de eso hace falta para ganarse un honrado y satisfactorio vivir.
    No hay duda de que estamos  muy necesitados de un proyecto social donde sea posible que toda persona útil pueda vivir con sólo su exclusivo y personal trabajo. De un trabajo que sea personal y honrado.
    Esto implicará que, cada uno de nosotros, deberemos producir, con nuestro trabajo personal, tanto valor como importe nuestra consumición. O sea, que cada cual debe rendir con su trabajo personal el valor de toda su consumición, el valor  de todos los servicios que reciba.
    Esto también llevará implícito que cada cual pueda ser el propietario de toda su producción personal pero sólo de esa producción. Así, cada cual será muy libre para poder gastarse sus ganancias como quiera y en lo que quiera.  
    Estos derechos y estos deberes individuales también deberán ser universales y no mirarán nacionalidad, raza, sexo, ni edad. Todo esto se deberá aplicar sin privilegios, sin excepciones  individuales o de clase.
    En consecuencia, en lo relacionado con las prácticas económicas será preciso cambiar o quitar ciertas costumbres, pues como tenemos dicho las tradiciones, los dogmas, los prejuicios, los usos y las costumbres siempre se deben someter a análisis, a crítica y a control. Y según las consecuencias y los efectos que tengan en la práctica,  hay que aceptarlos, modificarlos o rechazarlos de manera responsable, pues se debe conservar todo lo que se avenga con los derechos naturales y no lo que vaya contra natura.  
    Repetimos por nonagésima vez que se deben prohibir, por las inversiones especulativas, la propiedad privada de los elementos naturales, el derechos de herencia, el cobrar intereses, el comprar productos para luego volverlos a vender con excesiva  ganancia o  que haya empresarios y empresas de propiedad privada. Toda empresa deberá ser financiada y montada por la primera gestoría, o sea por  la Gestoría de la hacienda pública. Por ello, en esta clase de inversión todos seremos copartícipes o autónomos empresarios, ya que lo que se invertirá serán fondos públicos, fondos comunales. Esto no impedirá que las empresas deban ser regentadas por los mismos productores y que las ganancias deban ser también propiedad de los propios productores.

    También debemos mentalizar a las gentes  sobre la universalidad de una natural justicia, de una sana y natural ética, que también debe ser universal e igual para todos. Todo este recto obrar deberemos ir poniéndolo en practica  cuanto antes,  pues como muy bien dice Tomás Moro: “No es eficaz sólo poner sobre el tapete ideas completamente nuevas, sino que debe trabajarse indirectamente, con tacto, y lo que no se pueda hacer bien, debe hacerse lo menos mal posible, pues las cosas no serán perfectas hasta que los hombres lo sean”.

domingo, 28 de abril de 2013

CAUSAS DE LA PÉRDIDA DE LA CONCIENCIA SOCIAL

Autor: Lino Morales Gómez

   Hubo largos períodos de tiempo en los que las comunidades humanas se comportaban como una sociedad familiar, viviendo en armonía y en concordia. En el seno de la misma, todos se sentían seguros y libres. Se daban mutuo y desinteresado apoyo ante los peligros y los rigores de la naturaleza. Con su unión, suplían la fragilidad de los  seres humanos.
   En aquellas primeras familias, tribus o comunidades de hace varios millones de años, todos contribuían con su trabajo para proporcionar medios de vida para la comunidad. Se sentían satisfechos y orgullosos por contribuir al bienestar general. Competían a ver quién aportaba más bienes y medios de vida a la comunidad.
   Algunos comenzaron a adiestrarse y a especializarse en algunas determinadas actividades y otros en otras. Esto, más tarde, con la habilidad y con la especificidad dio lugar a determinadas profesiones. Con ello, vino la “especialización” y la división de los quehaceres, además de aumentar los medios de vida, el progreso y, finalmente, la elevación del nivel de conocimientos.
   Con estos logros vivieron felices y en armonía placentera durante largos períodos de tiempo hasta que un desdichado día apareció aquella ponzoñosa “serpiente bíblica” ofreciendo fabulosas grandezas personales, riquezas individuales, dominios personales absolutos y, con ello, placeres desenfrenados, etc. El orgullo desmedido de algunos hombres les hizo creer que podían alcanzar con las manos hasta el cielo y el poder de los dioses. Esas mentes calenturientas indujeron a concebir la  construcción de la fabulosa y famosa “Torre de Babel”. Empezaron los dominios absolutos.
   Estos relatos bíblicos son metáforas que quieren mostrarnos y darnos a entender dónde radica el origen y las causas de los males que aquejan a nuestras relaciones sociales humanas. Con estas fábulas, se quiere significar el fraccionamiento y el hundimiento de la armonía de las sociedades humanas, así como el poder de su unión, el poder de “lograr todo lo que se propusiesen” si hubieran permanecido unidas. Algunos, (aunque pocos) hombres endiosados y ávidos de poder y de poseer fueron organizando cada uno de ellos su bandería, su pequeño grupo de adeptos y quisieron imponerse a los demás, pretendiendo llegar a ser poderosos patriarcas, faraones, emperadores, etc.
   Estos malditos personajes consideraban a las gentes del pueblo como si fuesen animales de su particular propiedad. Para nada tenían en cuenta ninguna clase de derechos humanos, ni de moralidades. Fueron poseídos por el ansia de poder y de dominar a sus congéneres y, con ello,  provocaron divergencias y querellas.
    Así, aparecieron grandes disociaciones de aquella emergente sociedad. Comenzaron a surgir ciertos y pequeños reinados, que dieron lugar a las malditas guerras, sólo con el afán de ensanchar sus dominios, provocando y dando lugar a extraños aislamientos y a enajenaciones, además de a salvajes comportamientos. Empezaron los patriarcas, los reyes, los faraones, los emperadores,  etc. a organizar los imperios, los condados, los ducados, los reinos, etc. Y así se dio lugar a las tan ensalzadas “patrias” de nuestros tiempos.
   Algunos de aquellos mandamases se sacaron de la manga aquello de “por Dios, por la patria y el Rey, hasta la última gota de sangre”. Esta frases y otras parecidas han sido durante mucho tiempo muy populares. En muchas ocasiones, se las ha tenido por consignas sagradas. Lo cierto es que en su nombre se han cometido horrorosos genocidios. Estas frases son como  dardos envenenados que tienen en su haber sanguinarias atrocidades. 
  No es que fuesen malas en sí mismas todas aquellas bienaventuranzas que la astuta serpiente bíblica ofrecía. Los instintos, los deseos, el egoísmo, los sentimientos, el entendimiento, incluso el dominio que el hombre ejerce sobre las especies de plantas y de animales, los placeres naturales, el orgullo, todo esto bien entendido, son como palancas de lanzamiento, son estímulos que nos mueven a ser activos y a obrar.
    Si muchas de estas facultades son bien entendidas, bien racionalizadas y bien empleadas, con ellas se puede progresar sin lesionar ni la dignidad ni la libertad, ni la honradez ni  los derechos naturales de nuestros conciudadanos o semejantes. 
    Todas  estas potencialidades bien empleadas habrían dado buenos frutos si se hubiesen tomado en sus justas proporciones y a su debido tiempo.
   “No puede haber una moral de la norma separada de la moral de la intención, no puede haber una moral objetiva separada de la moral subjetiva” dice Francesco Alberoni en una de sus obras.
  Lo malo de aquello fue que algunos hombres no supieron digerir de golpe tanta bienaventuranza como se les ofrecía. Lo malo es que no quisieron compartir aquellos halagadores y fabulosos poderes mentales, aquellas promesas de bienaventuranzas.
    Un antiguo mito dice: “Ahrimán  quiso imponer el reino de las tinieblas en la tierra”. En parte lo consiguió, debido a la incomprensión de algunos hombres que no supieron dominar sus propios impulsos sentimentales, sus egoísmos, sus ansias de poder. No supieron emplear correctamente sus energías ni sus facultades personales en lo  que y para lo que les fueron dadas.
  Creo que ahora ya sabemos, por dolorosa experiencia, que hasta las cosas buenas, tomadas y usadas sin medida  y a destiempo, se convierten en dañinos, malsanos y  perjudiciales vicios.  
   Así que, en la práctica, desde muy antiguo, se impuso un ciego egoísmo, unos odiosos, insaciables y despóticos dominios, se impuso un desmedido orgullo, unos ciegos delirios de grandeza. Estas desenfrenadas y ciegas pasiones indujeron a algunos hombres a una  insaciable sed de poder y de poseer individualmente los bienes de la naturaleza.
    Algunos hombres quedaron inoculados y contaminados con aquellas malas artes de aquella envenenadora, “serpiente bíblica”. Todo por causa de haber interpretado y empleado mal aquellas policromas  y tentadoras pretensiones de grandeza. 
    Para conseguir sus malsanos propósitos comenzaron por apropiarse privadamente o sea,  para sí propio, los elementos naturales, a apropiarse de la “despensa natural”, la despensa que nuestra madre naturaleza había creado y puesto a disposición de todos. También se apoderaron del fruto del trabajo personal del común de los hombres. Monopolizaron y se apropiaron de la cultura. Ésta les fue negada o la quitaron del alcance de las gentes del pueblo, negando el progreso de la ciudadanía y, con ello, oscurecieron el entendimiento de los pueblos.
   “La soberbia del hombre hace que desee el dominio, y nada le mortifica tanto como no poder mandar” dirá Smith en 1982.     
    Con todas aquellas indebidas apropiaciones, se perdió la paz, la concordia y la fraternidad.
  Algunos hombres comenzaron a revestirse de ridículos y odiosos títulos nobiliarios y de pomposas dignidades. Y sometieron a servidumbre y a esclavitud a sus semejantes, abjuraron de lo concordado, hollaron los derechos naturales de los demás, con ello quedó denigrado el común de los seres humanos.  
    No bastó con que la inmensa mayoría de las gentes que formaban aquel antiguo conjunto social fuesen fieles y consecuentes con los compromisos que de antemano tenían concertados, ni tampoco con optar por guardar aquella natural y fraternal sociabilidad familiar tradicional. El mal está en que algunos hombres quisieron y quieren conseguir de su naturaleza personal más de lo que ella les puede dar.
    Aristóteles en “La Política, capítulo VII” dice algo pertinente al caso: “Es cosa evidente que si conocemos las causas que arruinan los Estados, debemos conocer igualmente las causas que los conservan.  Lo contrario produce siempre lo contrario, y la destrucción es lo opuesto a la conservación”.
   Nunca faltaron, ni faltan, hombres que son proclives a querer tener más derechos que los demás. Por culpa de esos pocos engreídos surgieron las discordias, los engaños, las traiciones, los crímenes, las guerras. Por hombres que no quieren comprender que no es justo apropiarse el trabajo de los demás, y que es preciso el intercambio de ideas y de esfuerzos para progresar. Hombres que no comprenden que el aislamiento embrutece y embota las facultades mentales de la persona.
   Suscribo un mito que viene al caso y dice así: “Es preciso que interceda Mitra para doblegar a Ahrimán. Y que pueda imperar Ormuz en toda la tierra y con él florezca la luz y con ésta la armonía y la paz”. 
   Aquellos hombres egoístas no solidarios sólo procuraron elevar su propio y personal nivel social y su manera de vivir, aunque ello fuese a costa de agobiar con fatigosos y duros trabajos no remunerados debidamente a los demás. Intentaron cargar los trabajos y las fatigas a los otros. Y para conseguir esto no dudaron en usar la violencia. Así impusieron las desigualdades y las esclavitudes. Esclavitudes que, con algunas determinadas mutaciones, seguirán mientras haya amos y criados, mientras haya empresarios y asalariados.  
   Aquellos hombres, en vez de preocuparse por el progreso de las gentes del pueblo, más bien se sirvieron de las gentes para su propio y personal engrandecimiento, para amontonar riquezas y honores para ellos y para sus particulares familias. Usaron y usan torticeramente los conocimientos del bien y del mal. Han creado, en su lugar, tres ponzoñosas injusticias de ámbito mundial, injusticias que dieron al traste con la paz y con la honradez. Tales son “la idea de las patrias y las apropiaciones indebidas, tanto de los elementos naturales como del  trabajo de los demás".

martes, 2 de octubre de 2012

MANERAS DE IMPARTIR UNA SANA Y CABAL JUSTICIA NATURAL (III)

Autor: Lino Morales Gómez
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    Se dice que la justicia es el brazo ejecutor de las leyes naturales. También se dice que las leyes naturales hacen que “cada cual coseche el fruto de lo mismo que él haya sembrado”, que cada cual es hijo de sus obras. Pero si observamos detenidamente el obrar de la naturaleza, veremos que si ella es la culpable de alguna catástrofe producida por los elementos, luego ella misma procura regenerar y reparar lo estropeado. No es bueno que los poderes judiciales hagan las veces de la diosa “Némesis”. Según la mitología griega la diosa “Némesis” se encargaba de tomar o hacer venganza sobre los culpables de acciones injustas. Esa diosa era la vengadora de las transgresiones que se hiciesen contra la naturaleza de las cosas.
    Creo que es imprescindible, además de urgente, redactar un Código Penal que se asemeje al de la ley del “Talión”. O sea, que obligue a aquello del “ojo por ojo y diente por diente”.
Bien entendido, en ningún caso deberemos destruir, ni la vida de nadie, ni tan siquiera ninguna facultad u órgano concedido por nuestra madre naturaleza. Esto, ni aún en nombre de la justicia.  Esto sería venganza, en  ningún caso justicia. Un ejemplo práctico ilustrará lo que digo. Si un individuo le ha quitado la vida a otro, no se recluirá al que hizo el mal, sino que se le obligará a realizar, además de su trabajo, el que hubiese podido realizar el fallecido.
    Un código penal debe ser destinado a ser aplicado a una sociedad donde se viva un total individualismo. Donde, incluso económicamente, no dependa nadie de nadie, ni siquiera los hijos de los padres ni los padres de los hijos. Que cada cual cargue con sus gastos personales y con las responsabilidades y culpas de sus acciones. Que no haya privación de libertades, pues la libertad es un don natural que nadie tiene derecho a quitar a nadie ni siquiera con las cárceles.
    Pero sí se nos deberá obligar a devolver al damnificado la cosa sustraída o destruida, o en su caso, su valor. Que se devuelva tanto por tanto, desagravio por agravio. Aquí es donde cobra vigencia aquello de “devolver bien por mal”. Pero se entiende que el que debe devolver el bien es el que hizo antes el mal, no que haga bien quien recibió el mal. 
    Eso de que el que reciba el primer golpe, “ponga la otra mejilla”, repugna a todo el mundo, y a toda la sana justicia, pues no tiene sentido. Bien está que se le recomiende que permanezca pasivo, que no se tome la venganza con su mano, que no obre mal ni de manera inmediata ni a largo plazo, pues si obra mal se pone a la misma altura del malo. FIN

MANERAS DE IMPARTIR UNA SANA Y CABAL JUSTICIA NATURAL (II)


 Autor: Lino Morales Gómez
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Los magistrados encargados de hacer justicia deberán tener un conocimiento claro y cabal de las leyes naturales y de las leyes positivas contrastadas por los poderes judiciales, así como de los derechos naturales de las personas. Pues la sociedad pone en sus manos la aplicación de las leyes y espera de ellos que se pueda aplicar una sana y recta justicia. Las leyes naturales serán sus poderosos instrumentos para medir el alcance de las transgresiones y  para obligar a restablecer el bien que haya sido alterado o ultrajado.
    Generalmente todos esperamos de la justicia y de los poderes judiciales, reparaciones y restauraciones del bien que haya sido alterado, conculcado o ultrajado.
    Por eso, su principal misión será la de que los transgresores reparen o paguen el mal que hayan hecho. Esperamos que la justicia no sólo consista en castigar.
    A veces es preciso que se castigue a los impenitentes. Se debe procurar evitar el castigo, pero éste se aplicará hasta que los malhechores “devuelvan tanto bien como mal hubieren hecho”.
Así pues, la principal misión de la justicia debe ser la de obligar a reparar el mal que se haya podido inferir a cualquiera entidad, persona o naturaleza. Luego, una vez  reparado esto, y restaurada la normalidad, no será necesario ninguna represalia ni castigo.
    Es evidente que para poder obligar a los agresores o delincuentes a que “devuelvan a los agredidos tanto bien como mal les hayan causado”, será preciso que los poderes judiciales cuenten con ciertos medios de represión para presionar sobre los malhechores  hasta  que queden restablecidos los bienes y derechos naturales de ambas partes.
    La sana justicia y también la ética natural siempre exigen obrar de esta manera. Estos valores siempre recomiendan “devolver bien por mal”. Tomemos ejemplo de nuestra propia Madre naturaleza, pues ésta  siempre procura  reparar el mal, restañar las heridas. Con esto no quiero decir que haya que “poner la otra mejilla” sino, que quien tiene que “devolver el bien”, debe ser,  el mismo que hizo el mal, no el que lo recibió.
   “Todo el que no obra con justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque éste es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor los unos para con los otros”. (Biblia. 1Juan  3: 10, 11) 
    Desgraciadamente, la justicia de nuestro tiempo no obra de esas maneras, pues sólo se dedica a castigar,  a condenar, a poner  penas. En resumen, a hacer más mal. Pues el mal es mal en sí mismo. Es mal si se le hace a un inocente y no deja de ser mal cuando se le aplique a un culpable después de que haya reparado el mal que hizo.               .../...

MANERAS DE IMPARTIR UNA CABAL Y SANA JUSTICIA NATURAL (I)

Autor: Lino Morales Gómez
     La principal misión del cuerpo judicial será la de restaurar, reparar, establecer los  daños causados por delincuentes, tanto si han sido a las personas directamente como a sus bienes personales o materiales, ya sean propiedades privadas o comunales, las que hayan sido lesionadas o deterioradas.
    La sana y verdadera justicia no se debe limitar a castigar, sino más bien a obligar a reparar. El hacer justicia consiste, más que en ninguna otra cosa, en obligar a los infractores a que devuelvan el valor de lo defraudado. O en su caso, reparar el honor mancillado. O sea que la justicia consista en normalizar reparar o reponer más que en causar o hacer daño castigando.
    Para ello, al cuerpo judicial se le deberá dotar de los poderes y de las fuerzas que le sean necesarias para que pueda aplicar y hacer cumplir efectivamente una verdadera y cabal reparación. Se le concederán unos poderes que tengan la suficiente fuerza para obligar a los infractores a que hagan las justas compensaciones y reparaciones del mal que hayan podido causar. Bien a la personas o a sus bienes materiales. Si la justicia sólo se limitase a castigar, a condenar o imponer penas, o sea, a hacerle al delincuente tanto, o si cabe, más mal que él hizo, entonces, es evidente, que se haría dos veces el mismo o mayor mal. Se haría dos veces el mismo daño. También es evidente que en esto de castigar sin reparar, nadie saldría beneficiado, sólo se crearían rencores y sed de venganzas y se haría daño por duplicado. Precisamente, esto es lo que deberá evitar la justicia. Deberá corregir toda clase de daños.
    El poder judicial nunca deberá ser un órgano represivo, sino un órgano reparador. Su principal misión no deberá consistir en maltratar. Ni siquiera se deberá maltratar a los malhechores. Porque con ese mal trato no sólo no se hace justicia, sino que lo que se hace es venganza.
    Así pues, lo justo es que se  obligue a delincuentes o malhechores a que reparen lo mancillado, defraudado o robado. Deberán hacerlo con obras reparadoras que compensen el daño o maltrato que hayan hecho o causado. Por lo demás, ya llevan suficiente castigo con el deshonor que les queda y con algunos  remordimientos de su propia conciencia.
    Antes que nada, la tarea principal de los poderes judiciales es la de esclarecer la culpabilidad o la inocencia de los presuntos transgresores o defraudadores.
    Es muy importante que antes de dictar sentencia o condena contra cualquier sospechoso o presunto culpable, se tenga la certeza de que todas las pruebas sean ciertas y comprobables. Pues no hay cosa más repugnante que culpar y sentenciar a un inocente.
    Luego, una vez comprobada la culpabilidad de los transgresores, los jueces valorarán el alcance o la cuantía de lo dañado. Una vez conocido el valor del daño, ya se deberá obligar al culpable a que efectúe la debida restitución, devolución o compensación que corresponda.    .../...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

TRIBUNALES PARA CORREGIR LOS INCUMPLIMIENTOS DE LAS LEYES CIVILES (II)


 Autor: Lino Morales Gómez
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   Estos altos tribunales serán los purificadores y los vigilantes para que todo  hacer humano, todas nuestras relaciones sociales, todo reglamento, todos los usos y costumbres, todas las tradiciones, etc. sean fieles y conformes con las Leyes Naturales y con los derechos del hombre. Esos altos tribunales serán como los ángeles de la guarda de las leyes y de los derechos humanos y naturales del hombre.
   La justicia es para la sociedad como la salud para el cuerpo humano. La justicia es la medicina de las sociedades. La justicia es el medicamento que sana a nuestras relaciones sociales.
   Todas las normas o leyes que no tengan  afinidad con las leyes naturales, con las leyes que rigen en nuestra madre naturaleza, serán suprimidas y prohibidas. La justicia deberá suprimir y prohibirá todo lo que no sea conforme con los derechos y con los deberes naturales del hombre.
   Esos altos tribunales, únicos con poderes universales, no autorizarán, o mejor, desautorizarán la puesta en práctica de cualquier código, reglamento o reglas de juego, usos costumbres, tradiciones, etc. que tengan algún punto contrario a las leyes naturales,  o que de alguna manera lesionen o vulneren los valores de dignidad, libertad e igualdad en derechos y deberes naturales del hombre.
   Las leyes civiles ya depuradas darán protección a toda persona. Leyes que hayan sido  depuradas por esos altos Tribunales universales, aunque nos las demos nosotros, siempre que concuerden con las leyes que nos muestra nuestra Madre naturaleza.
   No se tolerarán los comportamientos que no se ajusten a las leyes naturales. Quedarán fuera de la ley los infractore que serán sancionados, perseguidos y castigados.
    Una de las principales preocupaciones de las autoridades judiciales será la de procurar que las personas no se estafen, ni esclavicen, ni se denigren las unas a las otras, que no se abuse de nadie, que nadie se apropie de lo que pertenezca a cada uno de los otros ni de lo que pertenezca a todos en común.  Me refiero a todos los elementos naturales.

TRIBUNALES PARA CORREGIR LOS INCUMPLIMIENTOS DE LAS LEYES CIVILES (I)


 Autor: Lino Morales Gómez
 Se constituirá un alto tribunal internacional formado por jueces que sean expertos en derechos y en leyes naturales. Estos jueces deberán demostrar ser incorruptibles a las pasiones, a los egoísmos, a las ansias de poder,  de dominar,  etc.
Estos serán los que corrijan las leyes positivas que se redacten en cualquiera de los parlamentos nacionales de todo el mundo, pues las leyes y los derechos naturales son universales, como lo deberán ser todas las normas, las reglas, los códigos, los reglamentos, las leyes sociales que nos demos todos los humanos. Una vez corregidas las leyes humanas, estas deberán ser las que rijan en todas nuestras relaciones y comportamientos sociales, que siempre deberán ser universales.
Todas las propuestas de normas y de reglamentos de leyes positivas, las podremos redactar o hacer cada pueblo, cada nación, podremos redactarlas por escrito. Pero para darles poderes judiciales y universales se deberán presentar a la inspección de estos altos y competentes tribunales que deberán tener poderes universales.
En todos los casos y siempre deberemos tener presente que las leyes naturales son Soberanas, que son a la vez creadoras y legisladoras. Crean y gobiernan lo que han creado. Son creadoras y tienen poderes punitivos.
La grandeza moral de los seres humanos se mide precisamente por el grado del conocimiento, de la aceptación y del cumplimiento de esas leyes naturales de nuestra Madre Naturaleza que nos crearon y que nos siguen sosteniendo y gobernando.
Por eso, por nuestra racionalidad, podemos ser conocedores de la magnitud y de la magnanimidad de éstas leyes naturales, que pueden servirnos de referente para formular propuestas para crear leyes civiles. Que no solo serán los parlamentos de diputados, o representantes políticos los que las hagan. Precisamente en el ejercicio de esta facultad es donde reside la raíz, la base, el fundamento de la verdadera  y natural libertad democrática de los pueblos.
Luego, esos altos tribunales revisarán toda propuesta de ley, las corregirán y si son conformes a las leyes naturales y a los derechos humanos las aprobarán y les darán fuerza y legalidad jurídica universal.
Estos poderes judiciales procurarán que ninguna norma o ley humana quebrante ni altere los derechos naturales de todos y cada uno de nosotros. Por eso, sólo darán su aprobación a las normas o leyes que concuerden con las leyes y los derechos naturales. Con esas aprobaciones tomarán fuerza y rango de leyes universales, aunque sean leyes positivas hechas por parlamentos civiles. 
Las propuestas de normas que no concuerden plenamente con las leyes naturales, las devolverán para que los tribunales las corrijan y las reajusten al derecho natural. Pues, sin aquella aprobación y autorización judicial del alto tribunal universal, ninguna ley o norma humana tendrá validez y fuerza jurídica.
En ese caso, los que hagan leyes al margen de estos tribunales y las practiquen o quieran imponerlas serán puestos fuera de la ley, y se les deberá sancionar.
Sólo esos altos tribunales universales serán rectores con facultad para dar las autorizaciones y las aprobaciones a toda clase de leyes humanas. Darán su aprobación a las leyes que se ajusten exactamente a las normas Naturales y al hacer de nuestra Madre naturaleza.

domingo, 9 de septiembre de 2012

LÍMITES DE LA LIBERTAD, DE LA IGUALDAD Y DE LA PROPIEDAD


 Autor: Lino Morales Gómez
 
      A estos tres imprescindibles y fundamentales pilares de los derechos humanos nunca les han faltado especuladores, ansiosos de poder y tener, farsantes ni bandoleros que se han extralimitado suscitando  agrias polémicas sobre la aceptación  de su natural alcance y validez.
    Por un lado, están los que han hecho un uso indebido de estas facultades humanas, desnaturalizando estos fundamentales valores y, por otro lado, también siempre ha habido ciertos “buitres” tratando de justificar los efectos del mal uso que han hecho y hacen de estos valores y pilares, deformándolos y echando sobre ellos injusticias, injurias y calumnias. Sólo los usan para justificar las prácticas viciosas y degradantes que ellos mismos hacen del mal uso de estos básicos y naturales fundamentos.
    La libertad y la independencia de la persona son valores clave y fundamentales. La libertad usada  en sus límites naturales enaltece a los seres humanos, hace que alcancen el rango de seres  racionales. Un hombre sin libertad para opinar y para tomar sus propias decisiones quedaría condicionado y reducido a un simple animal domesticado.
    Como alguien ha dicho, siempre deberemos tener presente que todos los derechos tienen un límite, pues la libertad de una persona sólo debe llegar hasta donde empieza la libertad de las otras personas, ya que  todos los seres racionales tenemos el mismo derecho a ser libres.
    La igualdad está en que todas las personas tengamos los mismos derechos y los mismos deberes de respetarnos mutuamente en nuestra dignidad. Todos tenemos la misma obligación de respetar y el mismo derecho a ser respetados. Su límite está en no menospreciar la dignidad y la libertad de los otros para que ellos puedan hacer como nosotros el debido uso de sus  facultades personales.
    Y el fundamento y el límite de la propiedad están en que todos tengamos derecho a ser dueños y señores de las facultades que nuestra madre naturaleza nos ha legado particular y privadamente a cada uno de nosotros. También del rendimiento de nuestras potencialidades personales, de nuestra fuerza de trabajo, de nuestro intelecto. Por ley natural, tenemos derecho a ser dueños y señores del fruto de nuestras facultades personales.
    Así mismo, todos tenemos igual derecho a participar en común de las riquezas de los elementos naturales. El justo límite está en reconocer a los otros, además de sus particulares facultades personales, el fruto de ellas, así como el que puedan participar también en un plano de igualdad de las riquezas y de  los bienes de los elementos naturales.    
    Los “fariseos” actuales siempre argumentan que no se nos pueden conceder a todos, en un plano de igualdad, esos derechos y esas libertades, porque no todos tenemos la misma potencialidad para  organizarnos, ni la misma capacidad intelectiva, ni la misma fuerza de voluntad para frenar nuestras pasiones. Ni, incluso,  para pararnos en los límites que nos marcan la racionalidad y el buen juicio en el uso de nuestras facultades y atributos personales naturales, no dándose cuenta que con estos enjuiciamientos transgreden el derecho a la libertad de los demás.
    Dicen que eso de la libertad, la igualdad y la propiedad de los bienes naturales en común, son una utopía. Dicen que lo mejor es tener a raya a las gentes y a los pueblos. Los que opinan así  no se consideran ni gente ni pueblo y se creen una raza superior, cuando en realidad caen en unos anti-valores, como son el egoísmo, la tiranía, el orgullo y la avaricia.
    Con todo y con eso, en cuanto que a nadie se le permitiese tener más ingresos que el valor  procedente de su único y exclusivo trabajo personal, pocas riquezas podrían derrochar, no más de lo  que valiese su personal trabajo, ni tampoco los ahorradores podrían ahorrar más de lo que valiese su también trabajo individual y personal de sus facultades particulares.            
    La libertad es un valor moral que bien usado puede contribuir a hacernos felices, iguales y racionales. Pero  mal usada puede hacernos mucho mal  y mucho daño. No es lo mismo el resultado de tener libertad para hacer el bien, que el resultado de tenerla para hacer el mal porque la entera libertad da poder para obrar de diferentes maneras. Si no fuese así, no sería tal libertad.
    Por eso, es conveniente ponerle ciertos razonamientos y límites. Tanto la libertad como la igualdad tienen unos límites que si se traspasan causan unos efectos totalmente contrarios a los valores que representan.
    Por esa causa, nuestra sabia madre naturaleza, que es infinitamente previsora, nos ha dotado de una esclarecedora racionalidad, para que podamos conocer y distinguir “lo que es el bien y lo que es el mal”. Nuestro deber es usar nuestras facultades racionales para lo que nos han sido dadas.    
   En el libro “La lucha por la dignidad”, de A. Marina y María V. se  mencionan unas frases de sumo interés sobre la libertad que me permito copiar:
  “La declaración de los derechos del hombre de 1789 lo declara en su artículo 10: “Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, en tanto que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley”. El artículo siguiente es más firme: “La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre.” Luego la  Declaración de 1948 lo refrenda con el artículo 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión[1].”"        


[1] MARINA, J.A, VÁLGOMA, M.: “La lucha por la dignidad de conciencia”. La lucha por la dignidad. Ed. Anagrama. Barcelona 2000, p. 127
  

jueves, 21 de junio de 2012

COMENTARIOS SOBRE AQUELLO DEL “CULTO A SATÁN”.

Autor: Lino Morales Gómez

Entonces le dijo el diablo: “Si eres el hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.” Mas Jesús le respondió: “Está escrito; No de pan solamente debe vivir el hombre”. De modo que lo subió y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un instante de tiempo; y el diablo le dijo: “Te daré toda esta autoridad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien yo quiera se la doy.  Por eso, si tú haces un acto de adoración delante de mí, todo será tuyo. ”Respondiendo Jesús le dijo: Está escrito; es a tu Dios que tienes que adorar y es a él solo que tienes que rendir servicio sagrado”. De modo que el diablo, habiendo concluido toda la tentación, se retiró de él hasta otro tiempo conveniente”. (Lucas. 4:3.4.5.7.8.13.).
Pues bien, al parecer ese “otro tiempo conveniente”, ya ha llegado. Estamos viendo que los hombres de este tiempo ya le estamos rindiendo culto, ya le adoramos y le rendimos tributo a los sistemas y a los poderes capitalistas.
Ciertamente, Satán ya ha vencido; ha llegado y ha triunfado; ya ha ganado todas las batallas; ya ha conseguido lo que ambicionaba desde la antigüedad, ya le rindamos pleitesía y tributo, ya le adoremos por haber conseguido las riquezas y el poder.  Es lo que Satán ofrecía, riquezas a cambio de esclavitudes y discordias, por un lado, y por otro vender sus almas al diablo. Ha establecido el infierno en la Tierra.
Lo que no fue capaz de conseguir antes a pecho descubierto lo está consiguiendo ahora a través de sus representantes, sus prosélitos de aquí en la Tierra. Sus adoradores (cuales son: los  financieros, los banqueros, los especuladores, los mercenarios, los traficantes, etc.) son sus encargados incondicionales que se ponen de rodillas ante él. Los pueblos son los que sufren las consecuencias de sus diabólicos amaños y propósitos. Ya no necesita prometer reinos a cambio de sumisión, ésta la consiguen sus representantes de aquí en la Tierra con sólo enredarnos con aduladoras y falsas  palabras y con palmaditas en la espalda. 
Ahora somos los pueblos los que tenemos que implorarles y pedirles a los ediles del diablo que nos protejan, tenemos que pedirles a sus prosélitos pan a cambio de trabajo, tenemos que pedirles un sitio donde poder servirles y entregarles nuestro rendimiento. Tenemos que pedirles que nos protejan contra el paro, que nos salven de la miseria.            
Hasta muchas de nuestras autoridades están a su servicio. Nuestros gobiernos de turno le piden ayuda humildemente, se inclinan y se arrodillan ante los altares que los endiosados le han erigido a Satanás, los poderes fácticos son sus representantes aquí en la Tierra. Seguro que Satán se estará riendo a carcajadas y disfrutando de su diabólico triunfo.
Está claro que los poderosos y engañosos medios que Satán ha empleado, los engañosos medios que le han dado y le siguen dando su triunfo, no han sido otros más que los poderes financieros, las bolsas de cambio de valores, las especulaciones comerciales, la privatización de los elementos naturales, el derecho de herencia, etc. etc.
Y para darles un buen ver y un buen tragar a todas estas diabólicas e inclementes tramoyas, sólo ha necesitado revestirlas con pieles de cordero y lubricarlas con un falso milagroso ungüento llamado “altruismo”. Con sólo dejar caer unas migajas han tenido bastante.
Con ello ha cegado a nuestros acomodaticios legisladores de turno, induciéndoles a declarar “legales” a esos engañosos medios. Y con esa “legalidad” ha obligado a los poderes judiciales a que cooperen a su favor, haciéndolos fieles cumplidores de sus satánicos designios. Satán ha conseguido que se sancione y se persiga a las personas que se atrevan a poner en tela de juicio a las “buenas aventuras” de esas instituciones inversoras y financieras tan “benefactoras”.
Por otra parte, Satán también ha conseguido que la generalidad de las opiniones públicas descalifiquen a las personas que se atrevan a cuestionar la “buena labor” de esos “alabados” medios financieros. No le interesa que se descubra la verdadera finalidad de esas enmascaradas chupadoras de sangre, a esas modernas sanguijuelas. Satán también ha conseguido desconcertar a muchas rectas conciencias, pues una inmensa mayoría de las personas ya no son capaces de discernir entre las verdaderas y las falsas éticas. La verdad es que todas esas entidades financieras, aunque no lo parezca, son más dañinas que beneficiosas, pues su razón de ser no es otra más que la usura.
“Sabemos que nos originamos de Dios, pero el mundo entero está yaciendo en el (poder del) inicuo”. (Biblia. 1 Juan. 5:19)
Pues la falta de una escala de sanos valores del sentido moral y de la fraternidad puede llevarnos a una tiranía inhumana. No siempre la inteligencia sin la virtud puede llevarnos por los sanos caminos.