DATOS BIOGRÁFICOS DE LINO MORALES GÓMEZ

Lino Morales Gómez nació en Fuente el Fresno, provincia de Ciudad Real, el 23 de Setiembre de 1919 y está afincado en Barcelona desde 1964. Pensador nato, ha dedicado toda su vida a un trabajo intelectual de lectura y raciocinio constantes. Fruto de ello son estas reflexiones y otras muchas que encierran toda una filosofía de vida que quiere compartir con los lectores. Sus fuentes han sido los libros que ha leído de múltiples autores con ideologías diversas, así como las conclusiones que ha sacado él, particularmente, de su experiencia de vida.

domingo, 28 de abril de 2013

CAUSAS DE LA PÉRDIDA DE LA CONCIENCIA SOCIAL

Autor: Lino Morales Gómez

   Hubo largos períodos de tiempo en los que las comunidades humanas se comportaban como una sociedad familiar, viviendo en armonía y en concordia. En el seno de la misma, todos se sentían seguros y libres. Se daban mutuo y desinteresado apoyo ante los peligros y los rigores de la naturaleza. Con su unión, suplían la fragilidad de los  seres humanos.
   En aquellas primeras familias, tribus o comunidades de hace varios millones de años, todos contribuían con su trabajo para proporcionar medios de vida para la comunidad. Se sentían satisfechos y orgullosos por contribuir al bienestar general. Competían a ver quién aportaba más bienes y medios de vida a la comunidad.
   Algunos comenzaron a adiestrarse y a especializarse en algunas determinadas actividades y otros en otras. Esto, más tarde, con la habilidad y con la especificidad dio lugar a determinadas profesiones. Con ello, vino la “especialización” y la división de los quehaceres, además de aumentar los medios de vida, el progreso y, finalmente, la elevación del nivel de conocimientos.
   Con estos logros vivieron felices y en armonía placentera durante largos períodos de tiempo hasta que un desdichado día apareció aquella ponzoñosa “serpiente bíblica” ofreciendo fabulosas grandezas personales, riquezas individuales, dominios personales absolutos y, con ello, placeres desenfrenados, etc. El orgullo desmedido de algunos hombres les hizo creer que podían alcanzar con las manos hasta el cielo y el poder de los dioses. Esas mentes calenturientas indujeron a concebir la  construcción de la fabulosa y famosa “Torre de Babel”. Empezaron los dominios absolutos.
   Estos relatos bíblicos son metáforas que quieren mostrarnos y darnos a entender dónde radica el origen y las causas de los males que aquejan a nuestras relaciones sociales humanas. Con estas fábulas, se quiere significar el fraccionamiento y el hundimiento de la armonía de las sociedades humanas, así como el poder de su unión, el poder de “lograr todo lo que se propusiesen” si hubieran permanecido unidas. Algunos, (aunque pocos) hombres endiosados y ávidos de poder y de poseer fueron organizando cada uno de ellos su bandería, su pequeño grupo de adeptos y quisieron imponerse a los demás, pretendiendo llegar a ser poderosos patriarcas, faraones, emperadores, etc.
   Estos malditos personajes consideraban a las gentes del pueblo como si fuesen animales de su particular propiedad. Para nada tenían en cuenta ninguna clase de derechos humanos, ni de moralidades. Fueron poseídos por el ansia de poder y de dominar a sus congéneres y, con ello,  provocaron divergencias y querellas.
    Así, aparecieron grandes disociaciones de aquella emergente sociedad. Comenzaron a surgir ciertos y pequeños reinados, que dieron lugar a las malditas guerras, sólo con el afán de ensanchar sus dominios, provocando y dando lugar a extraños aislamientos y a enajenaciones, además de a salvajes comportamientos. Empezaron los patriarcas, los reyes, los faraones, los emperadores,  etc. a organizar los imperios, los condados, los ducados, los reinos, etc. Y así se dio lugar a las tan ensalzadas “patrias” de nuestros tiempos.
   Algunos de aquellos mandamases se sacaron de la manga aquello de “por Dios, por la patria y el Rey, hasta la última gota de sangre”. Esta frases y otras parecidas han sido durante mucho tiempo muy populares. En muchas ocasiones, se las ha tenido por consignas sagradas. Lo cierto es que en su nombre se han cometido horrorosos genocidios. Estas frases son como  dardos envenenados que tienen en su haber sanguinarias atrocidades. 
  No es que fuesen malas en sí mismas todas aquellas bienaventuranzas que la astuta serpiente bíblica ofrecía. Los instintos, los deseos, el egoísmo, los sentimientos, el entendimiento, incluso el dominio que el hombre ejerce sobre las especies de plantas y de animales, los placeres naturales, el orgullo, todo esto bien entendido, son como palancas de lanzamiento, son estímulos que nos mueven a ser activos y a obrar.
    Si muchas de estas facultades son bien entendidas, bien racionalizadas y bien empleadas, con ellas se puede progresar sin lesionar ni la dignidad ni la libertad, ni la honradez ni  los derechos naturales de nuestros conciudadanos o semejantes. 
    Todas  estas potencialidades bien empleadas habrían dado buenos frutos si se hubiesen tomado en sus justas proporciones y a su debido tiempo.
   “No puede haber una moral de la norma separada de la moral de la intención, no puede haber una moral objetiva separada de la moral subjetiva” dice Francesco Alberoni en una de sus obras.
  Lo malo de aquello fue que algunos hombres no supieron digerir de golpe tanta bienaventuranza como se les ofrecía. Lo malo es que no quisieron compartir aquellos halagadores y fabulosos poderes mentales, aquellas promesas de bienaventuranzas.
    Un antiguo mito dice: “Ahrimán  quiso imponer el reino de las tinieblas en la tierra”. En parte lo consiguió, debido a la incomprensión de algunos hombres que no supieron dominar sus propios impulsos sentimentales, sus egoísmos, sus ansias de poder. No supieron emplear correctamente sus energías ni sus facultades personales en lo  que y para lo que les fueron dadas.
  Creo que ahora ya sabemos, por dolorosa experiencia, que hasta las cosas buenas, tomadas y usadas sin medida  y a destiempo, se convierten en dañinos, malsanos y  perjudiciales vicios.  
   Así que, en la práctica, desde muy antiguo, se impuso un ciego egoísmo, unos odiosos, insaciables y despóticos dominios, se impuso un desmedido orgullo, unos ciegos delirios de grandeza. Estas desenfrenadas y ciegas pasiones indujeron a algunos hombres a una  insaciable sed de poder y de poseer individualmente los bienes de la naturaleza.
    Algunos hombres quedaron inoculados y contaminados con aquellas malas artes de aquella envenenadora, “serpiente bíblica”. Todo por causa de haber interpretado y empleado mal aquellas policromas  y tentadoras pretensiones de grandeza. 
    Para conseguir sus malsanos propósitos comenzaron por apropiarse privadamente o sea,  para sí propio, los elementos naturales, a apropiarse de la “despensa natural”, la despensa que nuestra madre naturaleza había creado y puesto a disposición de todos. También se apoderaron del fruto del trabajo personal del común de los hombres. Monopolizaron y se apropiaron de la cultura. Ésta les fue negada o la quitaron del alcance de las gentes del pueblo, negando el progreso de la ciudadanía y, con ello, oscurecieron el entendimiento de los pueblos.
   “La soberbia del hombre hace que desee el dominio, y nada le mortifica tanto como no poder mandar” dirá Smith en 1982.     
    Con todas aquellas indebidas apropiaciones, se perdió la paz, la concordia y la fraternidad.
  Algunos hombres comenzaron a revestirse de ridículos y odiosos títulos nobiliarios y de pomposas dignidades. Y sometieron a servidumbre y a esclavitud a sus semejantes, abjuraron de lo concordado, hollaron los derechos naturales de los demás, con ello quedó denigrado el común de los seres humanos.  
    No bastó con que la inmensa mayoría de las gentes que formaban aquel antiguo conjunto social fuesen fieles y consecuentes con los compromisos que de antemano tenían concertados, ni tampoco con optar por guardar aquella natural y fraternal sociabilidad familiar tradicional. El mal está en que algunos hombres quisieron y quieren conseguir de su naturaleza personal más de lo que ella les puede dar.
    Aristóteles en “La Política, capítulo VII” dice algo pertinente al caso: “Es cosa evidente que si conocemos las causas que arruinan los Estados, debemos conocer igualmente las causas que los conservan.  Lo contrario produce siempre lo contrario, y la destrucción es lo opuesto a la conservación”.
   Nunca faltaron, ni faltan, hombres que son proclives a querer tener más derechos que los demás. Por culpa de esos pocos engreídos surgieron las discordias, los engaños, las traiciones, los crímenes, las guerras. Por hombres que no quieren comprender que no es justo apropiarse el trabajo de los demás, y que es preciso el intercambio de ideas y de esfuerzos para progresar. Hombres que no comprenden que el aislamiento embrutece y embota las facultades mentales de la persona.
   Suscribo un mito que viene al caso y dice así: “Es preciso que interceda Mitra para doblegar a Ahrimán. Y que pueda imperar Ormuz en toda la tierra y con él florezca la luz y con ésta la armonía y la paz”. 
   Aquellos hombres egoístas no solidarios sólo procuraron elevar su propio y personal nivel social y su manera de vivir, aunque ello fuese a costa de agobiar con fatigosos y duros trabajos no remunerados debidamente a los demás. Intentaron cargar los trabajos y las fatigas a los otros. Y para conseguir esto no dudaron en usar la violencia. Así impusieron las desigualdades y las esclavitudes. Esclavitudes que, con algunas determinadas mutaciones, seguirán mientras haya amos y criados, mientras haya empresarios y asalariados.  
   Aquellos hombres, en vez de preocuparse por el progreso de las gentes del pueblo, más bien se sirvieron de las gentes para su propio y personal engrandecimiento, para amontonar riquezas y honores para ellos y para sus particulares familias. Usaron y usan torticeramente los conocimientos del bien y del mal. Han creado, en su lugar, tres ponzoñosas injusticias de ámbito mundial, injusticias que dieron al traste con la paz y con la honradez. Tales son “la idea de las patrias y las apropiaciones indebidas, tanto de los elementos naturales como del  trabajo de los demás".

martes, 2 de octubre de 2012

MANERAS DE IMPARTIR UNA SANA Y CABAL JUSTICIA NATURAL (III)

Autor: Lino Morales Gómez
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    Se dice que la justicia es el brazo ejecutor de las leyes naturales. También se dice que las leyes naturales hacen que “cada cual coseche el fruto de lo mismo que él haya sembrado”, que cada cual es hijo de sus obras. Pero si observamos detenidamente el obrar de la naturaleza, veremos que si ella es la culpable de alguna catástrofe producida por los elementos, luego ella misma procura regenerar y reparar lo estropeado. No es bueno que los poderes judiciales hagan las veces de la diosa “Némesis”. Según la mitología griega la diosa “Némesis” se encargaba de tomar o hacer venganza sobre los culpables de acciones injustas. Esa diosa era la vengadora de las transgresiones que se hiciesen contra la naturaleza de las cosas.
    Creo que es imprescindible, además de urgente, redactar un Código Penal que se asemeje al de la ley del “Talión”. O sea, que obligue a aquello del “ojo por ojo y diente por diente”.
Bien entendido, en ningún caso deberemos destruir, ni la vida de nadie, ni tan siquiera ninguna facultad u órgano concedido por nuestra madre naturaleza. Esto, ni aún en nombre de la justicia.  Esto sería venganza, en  ningún caso justicia. Un ejemplo práctico ilustrará lo que digo. Si un individuo le ha quitado la vida a otro, no se recluirá al que hizo el mal, sino que se le obligará a realizar, además de su trabajo, el que hubiese podido realizar el fallecido.
    Un código penal debe ser destinado a ser aplicado a una sociedad donde se viva un total individualismo. Donde, incluso económicamente, no dependa nadie de nadie, ni siquiera los hijos de los padres ni los padres de los hijos. Que cada cual cargue con sus gastos personales y con las responsabilidades y culpas de sus acciones. Que no haya privación de libertades, pues la libertad es un don natural que nadie tiene derecho a quitar a nadie ni siquiera con las cárceles.
    Pero sí se nos deberá obligar a devolver al damnificado la cosa sustraída o destruida, o en su caso, su valor. Que se devuelva tanto por tanto, desagravio por agravio. Aquí es donde cobra vigencia aquello de “devolver bien por mal”. Pero se entiende que el que debe devolver el bien es el que hizo antes el mal, no que haga bien quien recibió el mal. 
    Eso de que el que reciba el primer golpe, “ponga la otra mejilla”, repugna a todo el mundo, y a toda la sana justicia, pues no tiene sentido. Bien está que se le recomiende que permanezca pasivo, que no se tome la venganza con su mano, que no obre mal ni de manera inmediata ni a largo plazo, pues si obra mal se pone a la misma altura del malo. FIN

MANERAS DE IMPARTIR UNA SANA Y CABAL JUSTICIA NATURAL (II)


 Autor: Lino Morales Gómez
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Los magistrados encargados de hacer justicia deberán tener un conocimiento claro y cabal de las leyes naturales y de las leyes positivas contrastadas por los poderes judiciales, así como de los derechos naturales de las personas. Pues la sociedad pone en sus manos la aplicación de las leyes y espera de ellos que se pueda aplicar una sana y recta justicia. Las leyes naturales serán sus poderosos instrumentos para medir el alcance de las transgresiones y  para obligar a restablecer el bien que haya sido alterado o ultrajado.
    Generalmente todos esperamos de la justicia y de los poderes judiciales, reparaciones y restauraciones del bien que haya sido alterado, conculcado o ultrajado.
    Por eso, su principal misión será la de que los transgresores reparen o paguen el mal que hayan hecho. Esperamos que la justicia no sólo consista en castigar.
    A veces es preciso que se castigue a los impenitentes. Se debe procurar evitar el castigo, pero éste se aplicará hasta que los malhechores “devuelvan tanto bien como mal hubieren hecho”.
Así pues, la principal misión de la justicia debe ser la de obligar a reparar el mal que se haya podido inferir a cualquiera entidad, persona o naturaleza. Luego, una vez  reparado esto, y restaurada la normalidad, no será necesario ninguna represalia ni castigo.
    Es evidente que para poder obligar a los agresores o delincuentes a que “devuelvan a los agredidos tanto bien como mal les hayan causado”, será preciso que los poderes judiciales cuenten con ciertos medios de represión para presionar sobre los malhechores  hasta  que queden restablecidos los bienes y derechos naturales de ambas partes.
    La sana justicia y también la ética natural siempre exigen obrar de esta manera. Estos valores siempre recomiendan “devolver bien por mal”. Tomemos ejemplo de nuestra propia Madre naturaleza, pues ésta  siempre procura  reparar el mal, restañar las heridas. Con esto no quiero decir que haya que “poner la otra mejilla” sino, que quien tiene que “devolver el bien”, debe ser,  el mismo que hizo el mal, no el que lo recibió.
   “Todo el que no obra con justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque éste es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor los unos para con los otros”. (Biblia. 1Juan  3: 10, 11) 
    Desgraciadamente, la justicia de nuestro tiempo no obra de esas maneras, pues sólo se dedica a castigar,  a condenar, a poner  penas. En resumen, a hacer más mal. Pues el mal es mal en sí mismo. Es mal si se le hace a un inocente y no deja de ser mal cuando se le aplique a un culpable después de que haya reparado el mal que hizo.               .../...

MANERAS DE IMPARTIR UNA CABAL Y SANA JUSTICIA NATURAL (I)

Autor: Lino Morales Gómez
     La principal misión del cuerpo judicial será la de restaurar, reparar, establecer los  daños causados por delincuentes, tanto si han sido a las personas directamente como a sus bienes personales o materiales, ya sean propiedades privadas o comunales, las que hayan sido lesionadas o deterioradas.
    La sana y verdadera justicia no se debe limitar a castigar, sino más bien a obligar a reparar. El hacer justicia consiste, más que en ninguna otra cosa, en obligar a los infractores a que devuelvan el valor de lo defraudado. O en su caso, reparar el honor mancillado. O sea que la justicia consista en normalizar reparar o reponer más que en causar o hacer daño castigando.
    Para ello, al cuerpo judicial se le deberá dotar de los poderes y de las fuerzas que le sean necesarias para que pueda aplicar y hacer cumplir efectivamente una verdadera y cabal reparación. Se le concederán unos poderes que tengan la suficiente fuerza para obligar a los infractores a que hagan las justas compensaciones y reparaciones del mal que hayan podido causar. Bien a la personas o a sus bienes materiales. Si la justicia sólo se limitase a castigar, a condenar o imponer penas, o sea, a hacerle al delincuente tanto, o si cabe, más mal que él hizo, entonces, es evidente, que se haría dos veces el mismo o mayor mal. Se haría dos veces el mismo daño. También es evidente que en esto de castigar sin reparar, nadie saldría beneficiado, sólo se crearían rencores y sed de venganzas y se haría daño por duplicado. Precisamente, esto es lo que deberá evitar la justicia. Deberá corregir toda clase de daños.
    El poder judicial nunca deberá ser un órgano represivo, sino un órgano reparador. Su principal misión no deberá consistir en maltratar. Ni siquiera se deberá maltratar a los malhechores. Porque con ese mal trato no sólo no se hace justicia, sino que lo que se hace es venganza.
    Así pues, lo justo es que se  obligue a delincuentes o malhechores a que reparen lo mancillado, defraudado o robado. Deberán hacerlo con obras reparadoras que compensen el daño o maltrato que hayan hecho o causado. Por lo demás, ya llevan suficiente castigo con el deshonor que les queda y con algunos  remordimientos de su propia conciencia.
    Antes que nada, la tarea principal de los poderes judiciales es la de esclarecer la culpabilidad o la inocencia de los presuntos transgresores o defraudadores.
    Es muy importante que antes de dictar sentencia o condena contra cualquier sospechoso o presunto culpable, se tenga la certeza de que todas las pruebas sean ciertas y comprobables. Pues no hay cosa más repugnante que culpar y sentenciar a un inocente.
    Luego, una vez comprobada la culpabilidad de los transgresores, los jueces valorarán el alcance o la cuantía de lo dañado. Una vez conocido el valor del daño, ya se deberá obligar al culpable a que efectúe la debida restitución, devolución o compensación que corresponda.    .../...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

TRIBUNALES PARA CORREGIR LOS INCUMPLIMIENTOS DE LAS LEYES CIVILES (II)


 Autor: Lino Morales Gómez
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   Estos altos tribunales serán los purificadores y los vigilantes para que todo  hacer humano, todas nuestras relaciones sociales, todo reglamento, todos los usos y costumbres, todas las tradiciones, etc. sean fieles y conformes con las Leyes Naturales y con los derechos del hombre. Esos altos tribunales serán como los ángeles de la guarda de las leyes y de los derechos humanos y naturales del hombre.
   La justicia es para la sociedad como la salud para el cuerpo humano. La justicia es la medicina de las sociedades. La justicia es el medicamento que sana a nuestras relaciones sociales.
   Todas las normas o leyes que no tengan  afinidad con las leyes naturales, con las leyes que rigen en nuestra madre naturaleza, serán suprimidas y prohibidas. La justicia deberá suprimir y prohibirá todo lo que no sea conforme con los derechos y con los deberes naturales del hombre.
   Esos altos tribunales, únicos con poderes universales, no autorizarán, o mejor, desautorizarán la puesta en práctica de cualquier código, reglamento o reglas de juego, usos costumbres, tradiciones, etc. que tengan algún punto contrario a las leyes naturales,  o que de alguna manera lesionen o vulneren los valores de dignidad, libertad e igualdad en derechos y deberes naturales del hombre.
   Las leyes civiles ya depuradas darán protección a toda persona. Leyes que hayan sido  depuradas por esos altos Tribunales universales, aunque nos las demos nosotros, siempre que concuerden con las leyes que nos muestra nuestra Madre naturaleza.
   No se tolerarán los comportamientos que no se ajusten a las leyes naturales. Quedarán fuera de la ley los infractore que serán sancionados, perseguidos y castigados.
    Una de las principales preocupaciones de las autoridades judiciales será la de procurar que las personas no se estafen, ni esclavicen, ni se denigren las unas a las otras, que no se abuse de nadie, que nadie se apropie de lo que pertenezca a cada uno de los otros ni de lo que pertenezca a todos en común.  Me refiero a todos los elementos naturales.

TRIBUNALES PARA CORREGIR LOS INCUMPLIMIENTOS DE LAS LEYES CIVILES (I)


 Autor: Lino Morales Gómez
 Se constituirá un alto tribunal internacional formado por jueces que sean expertos en derechos y en leyes naturales. Estos jueces deberán demostrar ser incorruptibles a las pasiones, a los egoísmos, a las ansias de poder,  de dominar,  etc.
Estos serán los que corrijan las leyes positivas que se redacten en cualquiera de los parlamentos nacionales de todo el mundo, pues las leyes y los derechos naturales son universales, como lo deberán ser todas las normas, las reglas, los códigos, los reglamentos, las leyes sociales que nos demos todos los humanos. Una vez corregidas las leyes humanas, estas deberán ser las que rijan en todas nuestras relaciones y comportamientos sociales, que siempre deberán ser universales.
Todas las propuestas de normas y de reglamentos de leyes positivas, las podremos redactar o hacer cada pueblo, cada nación, podremos redactarlas por escrito. Pero para darles poderes judiciales y universales se deberán presentar a la inspección de estos altos y competentes tribunales que deberán tener poderes universales.
En todos los casos y siempre deberemos tener presente que las leyes naturales son Soberanas, que son a la vez creadoras y legisladoras. Crean y gobiernan lo que han creado. Son creadoras y tienen poderes punitivos.
La grandeza moral de los seres humanos se mide precisamente por el grado del conocimiento, de la aceptación y del cumplimiento de esas leyes naturales de nuestra Madre Naturaleza que nos crearon y que nos siguen sosteniendo y gobernando.
Por eso, por nuestra racionalidad, podemos ser conocedores de la magnitud y de la magnanimidad de éstas leyes naturales, que pueden servirnos de referente para formular propuestas para crear leyes civiles. Que no solo serán los parlamentos de diputados, o representantes políticos los que las hagan. Precisamente en el ejercicio de esta facultad es donde reside la raíz, la base, el fundamento de la verdadera  y natural libertad democrática de los pueblos.
Luego, esos altos tribunales revisarán toda propuesta de ley, las corregirán y si son conformes a las leyes naturales y a los derechos humanos las aprobarán y les darán fuerza y legalidad jurídica universal.
Estos poderes judiciales procurarán que ninguna norma o ley humana quebrante ni altere los derechos naturales de todos y cada uno de nosotros. Por eso, sólo darán su aprobación a las normas o leyes que concuerden con las leyes y los derechos naturales. Con esas aprobaciones tomarán fuerza y rango de leyes universales, aunque sean leyes positivas hechas por parlamentos civiles. 
Las propuestas de normas que no concuerden plenamente con las leyes naturales, las devolverán para que los tribunales las corrijan y las reajusten al derecho natural. Pues, sin aquella aprobación y autorización judicial del alto tribunal universal, ninguna ley o norma humana tendrá validez y fuerza jurídica.
En ese caso, los que hagan leyes al margen de estos tribunales y las practiquen o quieran imponerlas serán puestos fuera de la ley, y se les deberá sancionar.
Sólo esos altos tribunales universales serán rectores con facultad para dar las autorizaciones y las aprobaciones a toda clase de leyes humanas. Darán su aprobación a las leyes que se ajusten exactamente a las normas Naturales y al hacer de nuestra Madre naturaleza.

domingo, 9 de septiembre de 2012

LÍMITES DE LA LIBERTAD, DE LA IGUALDAD Y DE LA PROPIEDAD


 Autor: Lino Morales Gómez
 
      A estos tres imprescindibles y fundamentales pilares de los derechos humanos nunca les han faltado especuladores, ansiosos de poder y tener, farsantes ni bandoleros que se han extralimitado suscitando  agrias polémicas sobre la aceptación  de su natural alcance y validez.
    Por un lado, están los que han hecho un uso indebido de estas facultades humanas, desnaturalizando estos fundamentales valores y, por otro lado, también siempre ha habido ciertos “buitres” tratando de justificar los efectos del mal uso que han hecho y hacen de estos valores y pilares, deformándolos y echando sobre ellos injusticias, injurias y calumnias. Sólo los usan para justificar las prácticas viciosas y degradantes que ellos mismos hacen del mal uso de estos básicos y naturales fundamentos.
    La libertad y la independencia de la persona son valores clave y fundamentales. La libertad usada  en sus límites naturales enaltece a los seres humanos, hace que alcancen el rango de seres  racionales. Un hombre sin libertad para opinar y para tomar sus propias decisiones quedaría condicionado y reducido a un simple animal domesticado.
    Como alguien ha dicho, siempre deberemos tener presente que todos los derechos tienen un límite, pues la libertad de una persona sólo debe llegar hasta donde empieza la libertad de las otras personas, ya que  todos los seres racionales tenemos el mismo derecho a ser libres.
    La igualdad está en que todas las personas tengamos los mismos derechos y los mismos deberes de respetarnos mutuamente en nuestra dignidad. Todos tenemos la misma obligación de respetar y el mismo derecho a ser respetados. Su límite está en no menospreciar la dignidad y la libertad de los otros para que ellos puedan hacer como nosotros el debido uso de sus  facultades personales.
    Y el fundamento y el límite de la propiedad están en que todos tengamos derecho a ser dueños y señores de las facultades que nuestra madre naturaleza nos ha legado particular y privadamente a cada uno de nosotros. También del rendimiento de nuestras potencialidades personales, de nuestra fuerza de trabajo, de nuestro intelecto. Por ley natural, tenemos derecho a ser dueños y señores del fruto de nuestras facultades personales.
    Así mismo, todos tenemos igual derecho a participar en común de las riquezas de los elementos naturales. El justo límite está en reconocer a los otros, además de sus particulares facultades personales, el fruto de ellas, así como el que puedan participar también en un plano de igualdad de las riquezas y de  los bienes de los elementos naturales.    
    Los “fariseos” actuales siempre argumentan que no se nos pueden conceder a todos, en un plano de igualdad, esos derechos y esas libertades, porque no todos tenemos la misma potencialidad para  organizarnos, ni la misma capacidad intelectiva, ni la misma fuerza de voluntad para frenar nuestras pasiones. Ni, incluso,  para pararnos en los límites que nos marcan la racionalidad y el buen juicio en el uso de nuestras facultades y atributos personales naturales, no dándose cuenta que con estos enjuiciamientos transgreden el derecho a la libertad de los demás.
    Dicen que eso de la libertad, la igualdad y la propiedad de los bienes naturales en común, son una utopía. Dicen que lo mejor es tener a raya a las gentes y a los pueblos. Los que opinan así  no se consideran ni gente ni pueblo y se creen una raza superior, cuando en realidad caen en unos anti-valores, como son el egoísmo, la tiranía, el orgullo y la avaricia.
    Con todo y con eso, en cuanto que a nadie se le permitiese tener más ingresos que el valor  procedente de su único y exclusivo trabajo personal, pocas riquezas podrían derrochar, no más de lo  que valiese su personal trabajo, ni tampoco los ahorradores podrían ahorrar más de lo que valiese su también trabajo individual y personal de sus facultades particulares.            
    La libertad es un valor moral que bien usado puede contribuir a hacernos felices, iguales y racionales. Pero  mal usada puede hacernos mucho mal  y mucho daño. No es lo mismo el resultado de tener libertad para hacer el bien, que el resultado de tenerla para hacer el mal porque la entera libertad da poder para obrar de diferentes maneras. Si no fuese así, no sería tal libertad.
    Por eso, es conveniente ponerle ciertos razonamientos y límites. Tanto la libertad como la igualdad tienen unos límites que si se traspasan causan unos efectos totalmente contrarios a los valores que representan.
    Por esa causa, nuestra sabia madre naturaleza, que es infinitamente previsora, nos ha dotado de una esclarecedora racionalidad, para que podamos conocer y distinguir “lo que es el bien y lo que es el mal”. Nuestro deber es usar nuestras facultades racionales para lo que nos han sido dadas.    
   En el libro “La lucha por la dignidad”, de A. Marina y María V. se  mencionan unas frases de sumo interés sobre la libertad que me permito copiar:
  “La declaración de los derechos del hombre de 1789 lo declara en su artículo 10: “Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, en tanto que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley”. El artículo siguiente es más firme: “La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre.” Luego la  Declaración de 1948 lo refrenda con el artículo 18: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión[1].”"        


[1] MARINA, J.A, VÁLGOMA, M.: “La lucha por la dignidad de conciencia”. La lucha por la dignidad. Ed. Anagrama. Barcelona 2000, p. 127
  

jueves, 21 de junio de 2012

COMENTARIOS SOBRE AQUELLO DEL “CULTO A SATÁN”.

Autor: Lino Morales Gómez

Entonces le dijo el diablo: “Si eres el hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.” Mas Jesús le respondió: “Está escrito; No de pan solamente debe vivir el hombre”. De modo que lo subió y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un instante de tiempo; y el diablo le dijo: “Te daré toda esta autoridad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien yo quiera se la doy.  Por eso, si tú haces un acto de adoración delante de mí, todo será tuyo. ”Respondiendo Jesús le dijo: Está escrito; es a tu Dios que tienes que adorar y es a él solo que tienes que rendir servicio sagrado”. De modo que el diablo, habiendo concluido toda la tentación, se retiró de él hasta otro tiempo conveniente”. (Lucas. 4:3.4.5.7.8.13.).
Pues bien, al parecer ese “otro tiempo conveniente”, ya ha llegado. Estamos viendo que los hombres de este tiempo ya le estamos rindiendo culto, ya le adoramos y le rendimos tributo a los sistemas y a los poderes capitalistas.
Ciertamente, Satán ya ha vencido; ha llegado y ha triunfado; ya ha ganado todas las batallas; ya ha conseguido lo que ambicionaba desde la antigüedad, ya le rindamos pleitesía y tributo, ya le adoremos por haber conseguido las riquezas y el poder.  Es lo que Satán ofrecía, riquezas a cambio de esclavitudes y discordias, por un lado, y por otro vender sus almas al diablo. Ha establecido el infierno en la Tierra.
Lo que no fue capaz de conseguir antes a pecho descubierto lo está consiguiendo ahora a través de sus representantes, sus prosélitos de aquí en la Tierra. Sus adoradores (cuales son: los  financieros, los banqueros, los especuladores, los mercenarios, los traficantes, etc.) son sus encargados incondicionales que se ponen de rodillas ante él. Los pueblos son los que sufren las consecuencias de sus diabólicos amaños y propósitos. Ya no necesita prometer reinos a cambio de sumisión, ésta la consiguen sus representantes de aquí en la Tierra con sólo enredarnos con aduladoras y falsas  palabras y con palmaditas en la espalda. 
Ahora somos los pueblos los que tenemos que implorarles y pedirles a los ediles del diablo que nos protejan, tenemos que pedirles a sus prosélitos pan a cambio de trabajo, tenemos que pedirles un sitio donde poder servirles y entregarles nuestro rendimiento. Tenemos que pedirles que nos protejan contra el paro, que nos salven de la miseria.            
Hasta muchas de nuestras autoridades están a su servicio. Nuestros gobiernos de turno le piden ayuda humildemente, se inclinan y se arrodillan ante los altares que los endiosados le han erigido a Satanás, los poderes fácticos son sus representantes aquí en la Tierra. Seguro que Satán se estará riendo a carcajadas y disfrutando de su diabólico triunfo.
Está claro que los poderosos y engañosos medios que Satán ha empleado, los engañosos medios que le han dado y le siguen dando su triunfo, no han sido otros más que los poderes financieros, las bolsas de cambio de valores, las especulaciones comerciales, la privatización de los elementos naturales, el derecho de herencia, etc. etc.
Y para darles un buen ver y un buen tragar a todas estas diabólicas e inclementes tramoyas, sólo ha necesitado revestirlas con pieles de cordero y lubricarlas con un falso milagroso ungüento llamado “altruismo”. Con sólo dejar caer unas migajas han tenido bastante.
Con ello ha cegado a nuestros acomodaticios legisladores de turno, induciéndoles a declarar “legales” a esos engañosos medios. Y con esa “legalidad” ha obligado a los poderes judiciales a que cooperen a su favor, haciéndolos fieles cumplidores de sus satánicos designios. Satán ha conseguido que se sancione y se persiga a las personas que se atrevan a poner en tela de juicio a las “buenas aventuras” de esas instituciones inversoras y financieras tan “benefactoras”.
Por otra parte, Satán también ha conseguido que la generalidad de las opiniones públicas descalifiquen a las personas que se atrevan a cuestionar la “buena labor” de esos “alabados” medios financieros. No le interesa que se descubra la verdadera finalidad de esas enmascaradas chupadoras de sangre, a esas modernas sanguijuelas. Satán también ha conseguido desconcertar a muchas rectas conciencias, pues una inmensa mayoría de las personas ya no son capaces de discernir entre las verdaderas y las falsas éticas. La verdad es que todas esas entidades financieras, aunque no lo parezca, son más dañinas que beneficiosas, pues su razón de ser no es otra más que la usura.
“Sabemos que nos originamos de Dios, pero el mundo entero está yaciendo en el (poder del) inicuo”. (Biblia. 1 Juan. 5:19)
Pues la falta de una escala de sanos valores del sentido moral y de la fraternidad puede llevarnos a una tiranía inhumana. No siempre la inteligencia sin la virtud puede llevarnos por los sanos caminos.


martes, 22 de noviembre de 2011

EQUILIBRIO ECOLÒGICO

Autor: Lino Morales Gómez
     Todos queremos tener derechos. Esto es natural, pues a nadie se le debe negar el derecho a tenerlos. Pero también es natural que obremos de manera tal que merezcamos esos derechos, ya que una inmensa mayoría de ellos están condicionados por una larga sarta de deberes. Sin deberes, perderíamos nuestra racionalidad y sin racionalidad, los derechos no tendrían sentido ni razón de ser.
    Los deberes pueden ser materiales, intelectuales, morales, espirituales, personales. Tenemos deberes morales para con nosotros mismos, para con quienes vivimos y convivimos y para con nuestra madre naturaleza, pues es con ella y de ella, de  donde recibimos, desarrollamos y potenciamos nuestras facultades. Es evidente que nos quiere activos y peleones para poder vivir. La naturaleza nos obliga a buscarnos la vida. Nos obliga a trabajar.   
    Todos, hombre o mujer, tenemos deberes materiales para conservarnos y mantenernos en perfectas condiciones. Cada cual tiene que mirar por su salud, por su integridad, por su estructura física. Además, tenemos el deber de adquirir conocimientos, de mantener y desarrollar nuestra mente y nuestra intelectualidad, de obrar con justicia y de respetar los valores de libertad, igualdad y fraternidad.
    Pero también, a la par de habernos creado, nuestra madre naturaleza, también ha creado a otras especies que igualmente luchan, a su manera, por sobrevivir y por perpetuarse. Y como generalmente nos nutrimos unas especies de otras y con otras, aunque estamos continuamente en lucha con ellas, nos necesitamos mútuamente. Por eso, es conveniente mantener un justo equilibrio.  Está demostrado que si se extingue alguna especie se resienten las otras. Cada una de ellas es como un eslabón de una larga y variopinta cadena donde está contenida y materializada la vida.  
    Nosotros, los seres racionales, además de que unas veces tenemos que defendernos y otras veces atacar, precisamente por ser racionales, tenemos el deber de no desequilibrar este bienaventurado concierto natural y, por nuestro propio bien, no debemos llegar al exterminio total de las otras especies.  No debemos alterar este mágico y bien  equilibrado sistema ecológico natural. 
    Bien está que intentemos extraer de nuestra madre naturaleza, la Tierra, el máximo rendimiento, el máximo provecho, ¡pero cuidado! No nos vaya a pasar lo que le pasó a aquel de la gallina de los huevos de oro. Rendimiento sí, pero sin dañar la ecología, pues siempre debemos respetar y conservar los sistemas ecológicos, debiendo mirar por la salud de nuestra madre naturaleza. Precisamente, de ella depende nuestra naturaleza personal ya que muchos de sus recursos no son infinitos,  ni tampoco todos son  renovables. 

miércoles, 5 de octubre de 2011

PREVENCIONES CONTRA LA DELINCUENCIA

Autor: Lino Morales Gómez
   Está demostrado que para erradicar cualquier clase de delincuencia de una vez por todas, no basta con una rígida y contundente vigilancia policial, pues ni la policía ni una inclemente condena judicial han sido capaces de limpiar y erradicar esas lacras.
   Malatesta dijo. “Es necesario eliminar todas las causas sociales del delito, hay que educar a los hombres en los sentimientos de fraternidad y respeto recíproco, hay que buscar, como decía Fourier los sustitutos útiles del delito”.
   Efectivamente, lo primero que debemos hacer es tratar de eliminar las causas que puedan inducirnos a delinquir, pues ya sabemos que es poco efectivo querer quitar la delincuencia si no se quitan las fuentes que la suscitan. Seguro que si se quitasen las causas desaparecería por sí sola la delincuencia. Querer quitar la delincuencia sin quitar de antemano las causas que la propician es como querer limpiar un campo infectado de zarzas con solo ir cortando los tallos que van emergiendo. Seguro que no se eliminarán las zarzas mientras no se arranquen  de cuajo todas sus raíces.
   Combatir los efectos sin quitar de antemano las causas que los generan es un trabajo estéril. Sabemos, por experiencia, que la integridad y honradez moral de los seres humanos son muy frágiles y quebradizas. También sabemos que hasta la piedra más dura a fuerza de martillazos se rompe.
   Hasta Adán cayó ante la tentación, ante los halagos que le prometían poderes y placeres.
   Se han dado muchos casos en que ha habido hombres de una integridad moral intachable y de una probada honradez, que ante halagüeñas y reiteradas promesas han caído en la tentación de hacerse con fáciles y ciertas riquezas, o con altas cotas de poder o popularidad, aunque sabiendo que realmente eran inmerecidas, y aun sabiendo que tanto los medios empleados como los fines a conseguir sean ilegales e inmorales, han claudicado. Su honradez y su moralidad se han quebrado. De estos casos ha habido muchos. Y seguirá habiéndolos, si no ponemos los medios precisos para decapitar a esa prometedora “Serpiente bíblica” que siempre está metiéndonos en la cabeza promesas de poderes y de riquezas.
   Caeremos en lo injusto aún a sabiendas de que no somos merecedores de tales honores. ¡Pues los halagos satánicos son muy poderosos! Por eso, es un empeño inútil querer corregir los efectos sin quitar antes las causas que los propician y los generan.         
   Por otro lado, también está comprobado que los poderes judiciales con sus duras penas no son lo suficientemente efectivos para disuadir a los posibles defraudadores. Pues incluso aún arrostrando las duras condenas o castigos posibles, (en el caso de que el defraude fuese descubierto) no faltará quienes se arriesgue a probar fortuna. Han sido muchos los que lo han intentado, empleando multitud de artimañas y argucias, y son muchos los  recovecos que nos ofrecen expectativas de conseguir  lucrativas riquezas.
   No hay duda de que no ha sido efectivo el sistema de querer corregir la delincuencia empleando férreos y duros castigos judiciales. Ello ha sido una guerra perdida.
   Debemos convencernos de que todas esas halagüeñas promesas hacen presa en muchos de nosotros. Todas ofrecen sabrosos halagos que hacen fallar y quebrar  nuestra integridad, dando lugar a que insensiblemente vaya descarriando y conduciendo a las personas por caminos erróneos. Causas que despiertan en nosotros ciertos instintos retorcidos y maléficos, causas que nos arrastran a cometer actos censurables.
   Si no quitamos la piedra del camino, seguiremos tropezando en ella. Si no quitamos la trampa, aún sabiendo que está puesta, al menor descuido caeremos en ella.       
   La existencia y presencia material y física del dinero es una poderosa causa que nos induce a tentaciones delictivas. Todos sabemos que el dinero es una constante y poderosa tentación. El dinero ha descarriado a muchas honorables y respetables personas, las ha llevado a la delincuencia, y a caer en horribles vilezas. Por eso, sería muy bueno que el dinero desapareciese totalmente, al menos de manera física. Sería bueno que lo quitásemos de la circulación, que lo hiciésemos desaparecer radical y definitivamente. Que sólo fuese un concepto nominal. O sea, que sólo se use como una magnitud de medida, de medida del valor de las cosas. Bien está que lo valoremos todo, y que para determinar la unidad de ese valor utilicemos el nombre de “dinero”. Pero que sólo sea eso. Una magnitud de medida. Como lo son, por ejemplo, el metro, el kilo, el litro, etc.     
     Ya veis que, ni el metro ni el kilo son intercambiables, sólo son unidades de medida. Esa debería ser la misión del dinero, medir el valor de los productos que nos intercambiamos.    Nos dan de comer las cosas, no el dinero. Éste sólo es la medida, la magnitud que mide los valores.
    Da de comer el fruto del trabajo. Pues eso mismo debe pasar con el “dinero”. Nos da de comer lo que se mide con el famoso “dinero”. Pero el dinero, en sí mismo, no se come. En el capitulo siguiente hablaremos más detalladamente de las funciones reales que debería tener el dinero.
     Con la desaparición física del dinero, con su supresión material o física, creo que la delincuencia sufriría un golpe mortal.
     Ahora, mejor que nunca, esto es posible. Pues con el uso de las computadoras muy bien podemos arreglarnos sin que haya presencia física del dinero, se pueden hacer toda clase de transacciones y compraventas  sin que el dinero esté presente. Pues para cualquier clase de intercambios de productos y de servicios, solamente hará falta efectuar una transferencia del valor de la compraventa de una cuenta a otra cuenta. De la cuenta del comprador a la cuenta del vendedor, o de la cuenta del que recibe un servido a la cuenta del que da el servicio.
     De esto ya tenemos hablado largamente en el capitulo dos, y volveremos a hablar de ello más adelante. Con este sistema, todas las riquezas privadas de cada uno de nosotros siempre estarán reflejadas en nuestra particular cuenta. Cuenta que deberá ser única y universal. Cierto que todas nuestras propias pertenencias deberán estar valoradas, o sea, medidas con el “dinero”. Por ejemplo, no importa que sea en “pesetas”. Aunque también, este término, que mide el valor económico,  puede tener otro nombre, el nombre de otra moneda, porqué no. Lo esencial es que cada persona siempre tenga una única cuenta y que ella se pueda usar en todo el mundo. Esta cuenta económica será una parte fundamental de la individualidad de cada persona.
    Otra medida, también fundamental, sería que nadie tuviese otras entradas de recursos fuera del valor de su propio y único trabajo personal. Y que esos recursos sólo los pudiésemos invertir en la adquisición de productos de uso personal, que solo tuviésemos  gastos propios y personales. En fin, que cada cual se machaque sus pulgas.   
   El más importante y fundamental cometido de esta Gestoría deberá ser el procurar que impere una eficaz seguridad contra toda clase de delincuencia. Que haya una racional aplicación  de la justicia. Para esto, si es preciso, se creará un cuerpo policial que vigile, y que ponga a disposición  de los jueces a los delincuentes. Los jueces procurarán que no quede impune ninguna clase de delincuencia, ya sea por estafa, por engaño o por violencia. Será importante que los ciudadanos no se estafen los unos a los otros. 

  

viernes, 27 de mayo de 2011

FUNCIÓN PRÁCTICA Y ÚTIL DEL DINERO. "El dinero es producido, nunca es productor"

Autor: Lino Morales Gómez 
      
 Sobre el concepto del dinero
     El concepto “dinero” sólo es y debe ser, una unidad de medida de los valores económicos, del valor de las cosas o productos salidos de nuestro trabajo, de nuestra producción personal. Ésta debería ser la función primordial y única del dinero. Con él, se puede medir tanto el valor del trabajo como del consumo de los seres humanos. Es preciso medir el coste del vivir y con el dinero se puede hacer. Se puede calcular el valor del consumo mínimo vital del vivir, o sea, el coste imprescindible para llevar una vida corriente y satisfactoria. 
      La medida del valor del consumo vital es tan importante como hallar la medida del  valor del trabajo preciso para producir esa cantidad de productos. 
    A este valor del coste mínimo vital del vivir, o sea a lo que necesitamos consumir para vivir, deberemos ponerle un precio convenido. Este precio deberá convertirse en la medida base del sueldo o jornal básico que será  permanente y universal, no variable en el tiempo ni en el espacio, o sea, ni en el lugar de producir ni en el lugar de consumir. Hablaré más de esto en otro el próximo capítulo. 
     Al dinero se le ha sacado de su natural función, debido al mal uso que tradicionalmente se ha venido y se viene haciendo de él. Costará mucho tiempo, además de mucha imaginación, situarlo en su verdadera y natural magnitud y función, en la manera justa y moral de usarlo. Será muy difícil hacer comprender a la gente que el único cometido natural y moral del dinero, aparte de valorar las cosas,  es el de facilitar una justa nivelación en el intercambio de los productos. Éstos se pueden fraccionar con el dinero, a fin de efectuar las transacciones económicas de una manera equilibrada y según las porciones que necesitemos. El dinero ha prestado útiles servicios, pues ha facilitado la valoración de dichas fracciones de los productos sin necesidad de ternerlos que comprar en grandes cantidades para hallar sus equivalencias. Con él, no sólo se ha medido el valor de las cosas, sino también el de los servicios. En suma, ha servido de patrón tanto para  la materia base como para los productos de consumo. 
    Todos los productos se pueden convertir en dinero y con él los podemos adquirir, pero no ocurre lo mismo con los elementos naturales. Éstos no son productos del trabajo humano y, por lo tanto, se ha sacado de quicio al dinero adquiriéndolos.
     Ya en la Antigüedad, del uso de algunos metales para objetos ornamentales, se pasó a su utilización en la fabricación de monedas para usarlas como patrón básico en las compraventas, modalidad más práctica que las medidas que se venían usando de trigo, aceite o pieles. Se buscaron materiales no perecederos que no se degradasen, ni con el tiempo, ni con la humedad, incluso ni con el fuego. Se usaron el oro, la plata, el cobre o el bronce que, aunque se fundiesen, no perdían su valor. Ahora, le hemos dado aquellos poderes a unas monedas de menor valor y a unos vales de papel que representan lo mismo:  el valor convenido de los productos y  de nuestro trabajo. Incluso, con la informática, el dinero sólo es una cantidad anotada, pero que simboliza lo mismo.

Empleo del dinero
     Hasta aquí, la evolución física del "dinero" ha seguido una acomodación  a nuestras necesidades, pero fuera de las funciones que he mencionado, su uso indiscriminado y desnaturalizado sólo acarrea especulaciones, corrupciones e injusticias. Me refiero a su empleo para conseguir más dinero, favores de alguien, comprar adeptos o adquirir voluntades. Todo esto sólo ha despertado atroces egoísmos, crímenes,
estafas, latrocinios y esclavitudes. Se ha llegado, incluso a comprar y vender  personas por dinero.
     Por otro lado, insisto una vez más, la medida del valor de las cosas no debería dejarse a los arbitrios y criterios individuales de los productores o de los consumidores. Y menos aún al criterio de los inclementes traficantes y especuladores o intermediarios. La valoración de los productos deberá coincidir con el valor de los trabajos  precisos para conseguirlos y correrá a cargo de unas comisiones de expertos imparciales,  que, a nivel mundial, tasarán ese mínimo vital a que me referí anteriormente y que constituirá la medida básica. No habrá subidas ni bajadas del precio de los productos. El organismo o Gestoría receptora y distribuidora deberá preocuparse de vigilar que se respeten esos precios oficialmente concertados, tanto de los productos como de los trabajos, evitando abusos.
     Así pues, el dinero, llámese euros, dólares, libras, etc. sólo se deberá usar para medir el valor de la cantidad de trabajo social contenido en los productos, en los servicios o en cualquier prestación personal. Sólo esta deberá ser su misión natural, racional y moral. Con estas medidas, se podrá hallar la justa equivalencia en el canje, trueque, o compraventa de mercancías y servicios. El dinero es una vara de medir, en ningún caso es un productor. Si dejamos unos miles de euros en una caja cerrada y la abrimos al cabo de unos años,  encontraremos la misma cantidad. Al dejarlos en un banco el mismo período de tiempo y haber cobrado unos intereses extras, nos hemos apropiado indebidamente del trabajo realizado por otras personas. 
    
Ética de las transacciones económicas
     Esa "unidad de medida" o mínimo vital, no deberá tener presencia física, ni de metal ni de papel moneda. !Cuidado con lo que expongo aquí! Cada persona lo tendría anotado en su archivo personal de ingresos y gastos. Aunque una persona llegase a ahorrar muchas unidades de él, en ningún caso lo deberá emplear en negociar o prestarlo a cambio de unos determinados intereses en operaciones de bolsa ni de valores bancarios. El dinero es producido pero no es productor. Todas las actividades bancarias de ahora, encaminadas a la rentabilidad del dinero, son antinaturales. Si a las operaciones bancarias de ahora se las enjuiciase desde el punto de vista del derecho natural, y de la ética y la moralidad también naturales y verdaderas, se vería claramente que todas ellas son actividades y actos delictivos, aunque estén autorizados, legalizados y protegidos por estas retorcidas leyes humanas que al respecto tenemos en vigencia. Que nada tienen de justicias naturales ni de moralidades, pues no por estar legalizadas estas prácticas dejan de ser prácticas  especulativas e injustas, en suma antinaturales.  
     Esas leyes que protegen a tan execrables actividades del dinero son leyes humanas, pero no tienen nada en común con las verdaderas leyes naturales.  Generalmente son  leyes clasistas humanas que intentan proteger y dar legitimidad a esas usureras actividades bancarias, incluso han sido confeccionadas y aprobadas por los mismos individuos que practican esos injustos comportamientos. ¡Éste es el retorcido ejemplo o la impotencia que nos muestran nuestros cínicos mandatarios o mandarines (de mandar) al pueblo llano! 
     Actualmente, los Estados o Naciones - monstruos impersonales- para garantizar el valor de su dinero necesitan tener ciertas reservas de productos o de oro y de plata, además de divisas. Pues bien, nada de eso hará falta con este sistema de cuentas individualizadas,  personales y naturales con validez universal que vengo proponiendo. No harán falta esos fondos o reservas monetarias. Cada ciudadano tendrá creado y anotado su propio feudo de riquezas, que sólo provendrá del valor de su propio y personal rendimiento ya materializado y creado con el fruto de su personal trabajo. 

Hacia un nuevo concepto
    El concepto de “dinero” que yo propongo sólo será un nombre abstracto, una medida. Su valor estará respaldado por los productos,  mercancías o servicios, en definitiva, por los trabajos personales realizados a nivel individual. Tampoco harán falta los estados ni las naciones. Creo que éstos han sido creaciones satánicas. Estas entidades no deben tener existencia y menos aún personalidad jurídica sobre el valor de las producciones personales.
     No harán falta avales ni depósitos de oro ni de plata, tampoco el respaldo del PIB de ninguna nación o estado porque no las habrá. Será suficiente con que cada cuenta privada o personal esté avalada con la cantidad de productos o de servicios generados con el trabajo personal de su titular y entregados  al conjunto de la sociedad humana entera.
     Se ha dicho que “el dinero es la carrera del diablo”. Efectivamente, el dinero ha sido causa de multitud de crímenes, estafas, traiciones y de un sin fin de actos delictivos. Por todo ello, el día que se haga desaparecer su uso especulativo  y que cada individuo disponga únicamente de la representación de su trabajo personal, ese día, será un gran triunfo de la virtud sobre el diablo. 
     La era del dinero moneda ya ha pasado. Y la era del dinero acumulado con especulaciones y sin el esfuerzo personal tendría que acabar.